El PSG se negó a caer. Cuando el Marsella ya saboreaba un título que no levantaba desde hace 14 años, el equipo de Paris Saint-Germain encontró el empate en el último suspiro y forzó una definición desde los once pasos que terminó por consagrarlo campeón de la Supercopa de Francia.
Luis Enrique volvió a demostrar que su PSG nunca se rinde. El técnico asturiano suma pleno absoluto en Francia, siete títulos de siete posibles, y consolida una etapa histórica en París marcada por carácter, convicción y una mentalidad ganadora innegociable.
El Clásico francés estuvo a la altura de su etiqueta. El Olympique de Marseille dominó largos tramos del primer tiempo y exigió constantemente a Lucas Chevalier, quien sostuvo al PSG con atajadas decisivas. Mientras uno atacaba sin descanso, el otro esperaba su momento con paciencia quirúrgica.
Ese instante llegó tras un error en salida del Marsella. Vitinha recuperó y asistió a Ousmane Dembélé, que definió con clase para abrir el marcador y confirmar que su mejor versión vuelve a escena en este 2026.
Gonçalo Ramos y Chevalier cambian la historia
El Marsella jamás bajó los brazos. Insistió, empujó y encontró el empate desde el punto penal con Mason Greenwood, tras una mala salida de Chevalier. Minutos después, un autogol encendió la ilusión marsellesa y dejó al PSG al borde del abismo.
Pero este PSG no se quiebra. En la última jugada del partido, Gonçalo Ramos apareció dentro del área para empatar y llevar la final a los penales, cuando el desgaste físico ya dominaba a ambos equipos.
En la tanda, Chevalier pasó de villano a héroe. El guardameta respondió con personalidad, detuvo los disparos clave y condujo al PSG a levantar su decimocuarta Supercopa. El Marsella volvió a quedarse a segundos de la gloria.
El título confirma una realidad incuestionable. El PSG de Luis Enrique no solo gana, también sobrevive, resiste y golpea en los momentos límite. Una máquina competitiva que ya convirtió la épica en costumbre y que sigue escribiendo historia en el fútbol francés.

