La relación entre Hansi Flick y Dro llegó a un punto de quiebre. Desde el momento en que el joven futbolista comunicó su intención de marcharse, el técnico alemán le pidió abandonar el vestuario y dejó de contar con él en la dinámica del primer equipo.
Consideraba al jugador una apuesta propia, al grado de llevarlo a la gira asiática casi por sorpresa. Su atrevimiento, capacidad para girarse y producir juego no pasaron desapercibidos para el entrenador, quien confió en él incluso por encima de futbolistas con mayor jerarquía dentro del plantel.
Flick le dio oportunidades importantes. Lo hizo debutar como titular ante la Real Sociedad y volvió a confiar en él frente al Olympiacos. Después llegaron minutos esporádicos, pero el alemán lo veía como un proyecto a futuro dentro del Barcelona.
Cuando Dro le comunicó su decisión de salir, el técnico se sintió traicionado. La reacción fue inmediata y contundente, algo que quedó reflejado en la rueda de prensa del pasado sábado, donde Flick dejó entrever el impacto emocional que le generó la noticia.
Aislado y a la espera de definir su futuro
Desde entonces, Dro quedó completamente fuera del grupo. No fue convocado para el partido de LaLiga ante la Real Sociedad, no apareció en la foto oficial del club y tampoco viajó a Praga con el equipo.
Actualmente se entrena en solitario mientras espera el momento de ejecutar la cláusula de rescisión de seis millones de euros que le permitirá firmar con otro club.
Dro considera que, en el actual proyecto del Barça, quedaría encajonado y con pocas opciones de sumar minutos. Por ello optó por cambiar de rumbo, aun sabiendo que la decisión tendría consecuencias inmediatas en su relación con el cuerpo técnico.
Sin embargo, el desenlace con Dro deja una sensación amarga. Un futbolista señalado para grandes cosas se va, y lo hace en medio de una ruptura que deja heridas abiertas en el vestuario azulgrana.

