Steve Kerr aceptó sin dudar la propuesta que le hizo Andy Kohlberg en agosto de 2023. El entrenador de los Golden State Warriors vio en el proyecto una oportunidad ideal para reencontrarse con amigos, integrarse a un club de primera división y hacerlo en un lugar que Frédéric Chopin describió como el más bello del mundo.
El único detalle rompía la lógica habitualy es que no se trataba de baloncesto. Kohlberg, extenista estadounidense y exsemifinalista de Wimbledon, buscaba sumar a Kerr como copropietario del RCD Mallorca, un equipo de fútbol ubicado a miles de kilómetros, en una isla del Mediterráneo.
Kerr no llegó para dirigir al equipo, aunque la idea provocó sonrisas dentro del grupo. En cambio, se integró a la propiedad junto a Kohlberg, Steve Nash, dos veces MVP de la NBA, y Stu Holden, exfutbolista estadounidense con paso por la Premier League.
Lo que parecía el inicio de un chiste terminó como un proyecto serio y bien pensado. El deporte funcionó como el eje que los unió. Nash lo definió como el “tejido conectivo”, mientras que Kohlberg sostuvo que la mentalidad ganadora se repite en los grandes atletas, sin importar la disciplina.
Una apuesta que transformó al Mallorca
La conexión entre los socios nació años atrás en los Phoenix Suns, donde coincidieron Kerr, Nash, Kohlberg y el expropietario Robert Sarver. Con el tiempo, esa relación derivó en la idea de adquirir un club europeo.
Tras analizar opciones en el Championship inglés, el grupo encontró en Mallorca una oportunidad única. En enero se cumplieron diez años desde la compra del club por 23.86 millones de dólares, cuando el equipo luchaba en la parte baja de la Segunda División española.
Desde entonces, el Mallorca atravesó dos descensos y tres ascensos, y ya suma cinco temporadas consecutivas en LaLiga. El club incluso alcanzó la final de la Copa del Rey en 2024, un hito que reforzó el orgullo del proyecto pese a la derrota.
Con una isla de un millón de habitantes y más de 16 millones de visitantes al año, el potencial de crecimiento convenció a los propietarios desde el inicio. Hoy, reunidos de nuevo en Arizona, recuerdan aquellos días en la tercera división, cuando el balón terminaba en una piscina durante un partido visitante.

