Uriel Antuna llega a Pumas con el margen de error al mínimo. El extremo duranguense encara el momento más crítico de su carrera tras años de rendimiento irregular en la Liga MX. El talento nunca estuvo en duda, la constancia sí.
Su etapa con Tigres confirmó esas dudas. Antuna no logró consolidarse ni marcar diferencia en el ataque felino. En 48 partidos entre Liga MX y torneos internacionales apenas registró tres asistencias y perdió protagonismo rápidamente.
El club regiomontano optó por prescindir de él tras una campaña sin impacto. Antuna salió sin peso futbolístico y con su valor deportivo en caída. Ese cierre lo obligó a buscar un nuevo comienzo.
En Pumas no habrá tiempo para adaptación prolongada. El equipo necesita resultados inmediatos y Antuna deberá responder desde sus primeros minutos.
Una carrera marcada por altibajos
Antuna regresó a México con Chivas en 2020 y vivió una etapa de claroscuros. Mostró velocidad y desborde, pero falló de forma recurrente en el último tercio del campo. La crítica apuntó a su toma de decisiones y falta de contundencia.
Su mejor versión apareció con Cruz Azul en 2022. En La Máquina asumió un rol ofensivo claro, mejoró números y ganó regularidad. Ese rendimiento lo llevó a consolidarse en convocatorias de la Selección Mexicana.
Ese nivel no se sostuvo. La irregularidad volvió y su carrera entró otra vez en una zona de incertidumbre. Hoy, Antuna llega a Pumas con la obligación de sostener su rendimiento.
Efraín Juárez pidió su fichaje, pero no le garantiza titularidad. Antuna necesita producir goles, asistencias y constancia. En Ciudad Universitaria se juega su continuidad en la élite y su última opción rumbo al Mundial 2026.

