Argentina vuelve a soñar con una joya nacida de su inagotable cantera. Alejo Sarco, delantero del Bayer Leverkusen y formado en Vélez Sarsfield, se ha convertido en el nombre propio del inicio del Mundial Sub-20 de 2025. Con apenas 19 años, el atacante bonaerense ha sido protagonista de los dos primeros triunfos de la Albiceleste, firmando tres goles en dos partidos y recordando a las grandes figuras que forjaron su leyenda en esta misma categoría antes de triunfar con la Selección mayor.
El conjunto dirigido por Diego Placente arrancó el torneo con autoridad y Sarco fue el eje de ese dominio. En el debut ante Cuba, tardó solo tres minutos en romper el marcador con una definición de puro instinto goleador. En el segundo encuentro, frente a Australia, necesitó todavía menos: un movimiento dentro del área y un toque sutil bastaron para confirmar su instinto. Con tres tantos en total, comparte el liderato de goleo con Benjamin Cremaschi, el mediocampista estadounidense de raíces argentinas.
El rendimiento de Sarco tiene aún más mérito considerando el contexto. Argentina no cuenta en este Mundial con dos de sus jóvenes más mediáticos: Franco Mastantuono, la joya de River Plate, ni Claudio Echeverri, compañero del propio Sarco en el Bayer Leverkusen. Sin embargo, el equipo ha encontrado en el delantero de Alberti una nueva referencia ofensiva, alguien capaz de combinar potencia, precisión y lectura de juego en el área rival.
La historia de Sarco también tiene un toque de revancha. Tras una salida complicada de Vélez, recaló en Alemania en enero de 2025 buscando oportunidades que, hasta ahora, no han llegado con el primer equipo del Leverkusen. Pero en Chile, sede de este Mundial Sub-20, está dejando claro que su talento no puede pasar desapercibido. “Alejo está aprovechando cada minuto, tiene hambre, disciplina y el deseo de demostrar lo que vale”, dijo su técnico Diego Placente tras la clasificación de Argentina a octavos.
Una herencia dorada: de Diego a Leo, pasando por los ídolos juveniles
Brillar en un Mundial Sub-20 nunca fue un detalle menor para Argentina. Es, de hecho, parte de su ADN futbolístico. Diego Maradona lo hizo en 1979, cuando comandó a una generación inolvidable bajo la dirección de César Luis Menotti. Aquel torneo en Japón marcó el inicio del mito: gambetas imposibles, goles memorables y una personalidad que anunciaba lo que vendría después.
Dos décadas más tarde, en 1995 y 1997, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar y Esteban Cambiasso tomaron la posta en Malasia y Qatar, iluminando la escena juvenil con el mismo estilo que luego exportarían a Europa. Y en 2005, Leo Messi coronó esa tradición con un Mundial Sub-20 magistral en Holanda: cinco goles, título y Balón de Oro del torneo. Desde entonces, el número 10 se convirtió en sinónimo de excelencia albiceleste.
Ahora, veinte años después, Alejo Sarco parece dispuesto a escribir su propio capítulo en esa historia. No se trata solo de goles, sino de presencia. En cada jugada transmite una mezcla de madurez y descaro, ese equilibrio que distingue a los grandes talentos argentinos. Su olfato, su capacidad para moverse entre líneas y su personalidad dentro del campo lo han transformado en el nuevo estandarte de esta generación.
El próximo sábado, ante Italia, tendrá una nueva prueba de fuego. Argentina ya está clasificada a octavos, pero el duelo definirá el liderato del grupo y servirá como termómetro para medir hasta dónde puede llegar este joven equipo. Si Sarco mantiene el nivel mostrado, no solo podría guiar a la Albiceleste a su séptimo título mundial sub-20, sino también dar el salto definitivo en su carrera europea.
De Maradona a Messi, y ahora Sarco: la historia parece repetirse, una vez más, bajo los mismos colores y con el mismo sueño —el de ver nacer, en cada generación, a un nuevo ídolo que continúe la tradición de grandeza argentina en los Mundiales juveniles.

