El Barcelona se estrelló en el Sánchez-Pizjuán con su primera derrota liguera de la era Hansi Flick y cedió terreno en la cima tras un 4-1 que expuso fragilidades defensivas y falta de colmillo en las áreas. Sevilla golpeó pronto, administró los momentos y castigó cada error azulgrana en una tarde áspera que se decantó por detalles y eficacia.
El arranque local fue eléctrico. A los 13’, Alexis Sánchez adelantó a los andaluces desde el punto penalti tras una falta sobre Isaac Romero revisada por el VAR. El Barça no encontró vías de progresión y, en plena confusión, el propio Romero firmó el 2-0 al 36’ en una transición que desnudó la espalda culé. Justo antes del descanso, Marcus Rashford recortó con una volea a pase de Pedri y dejó el duelo abierto.
El guion cambió tras el intermedio: el Barça llevó la iniciativa, empujó por bandas y generó llegadas claras. La ocasión dorada cayó al 74’: penalti para igualar… y Robert Lewandowski lo envió fuera. El estallido del estadio y el mazazo emocional para los visitantes fueron la antesala de un tramo final que Sevilla manejó con oficio.
En lo táctico, el equipo de Matías Almeyda impuso intensidad y duelos, cerró pasillos interiores y obligó al Barça a vivir incómodo. Los de Flick mejoraron con pelota y dispusieron de situaciones francas —incluidos dos mano a mano—, pero la falta de precisión y la contundencia nervionense inclinaron la balanza.
El penal fallado de Lewandowski como punto de inflexión
Ese lanzamiento cambió el partido. De un posible 2-2 con viento a favor a un golpe anímico que devolvió control y confianza al Sevilla. Antes, la polémica ya había asomado con la pena máxima del 1-0, pitada por contacto sobre Romero. A partir de ahí, el Barça volcó su ataque y asumió riesgos que Sevilla castigó en la recta final.
Con los culés adelantados, el cuadro andaluz sentenció en el descuento: José Ángel Carmona firmó el 3-1 al 90’ y Akor Adams, al 90+6’, cerró la goleada entre un Sánchez-Pizjuán desatado. Fue la confirmación de un plan eficaz: tesón en bloque medio, verticalidad al espacio y acierto en las áreas.
En el apartado individual, Alexis ejerció de líder competitivo y Romero fue un dolor constante al espacio; Ødysseas Vlachodimos (seguro bajo palos) sostuvo al equipo cuando el Barça apretó. Entre los azulgranas, el tanto de Rashford sostuvo la esperanza y la sociedad con Pedri generó las mejores sensaciones ofensivas, aunque sin premio.
El veredicto deja lecciones nítidas: Sevilla crece desde la intensidad y la contundencia; el Barça necesita ajustar su estructura defensiva y afinar la puntería. La derrota, además, mantiene a los culés dos puntos por detrás del líder Real Madrid y obliga a Flick a recomponer certezas durante el parón.
Yamal ausente y radiografía de la cima: lo que no se vio en el marcador
El contexto también pesó. Lamine Yamal se quedó fuera por problemas físicos y el ataque de Flick perdió desborde natural por derecha; Roony Bardghji aportó verticalidad tras el descanso, pero el equipo echó de menos un foco constante de uno contra uno para fijar a los laterales. La ausencia del canterano obligó a reubicar piezas y a cargar más juego por el carril de Pedri-Raphinha.
El plan de Sevilla tuvo respuestas claras para cada ajuste azulgrana: ayudas rápidas sobre las recepciones de Pedri, vigilancia agresiva sobre las rupturas de Rashford y prioridad para cerrar la frontal en segundas jugadas. Cuando el Barça aceleró, los locales contestaron con transiciones quirúrgicas que encontraron a Romero y a Akor Adams atacando la espalda.
En clave clasificación, el golpe es doble para el campeón vigente: pierde el invicto y cede impulso en la persecución del liderato, hoy en manos del Madrid. Para Sevilla, la victoria tiene valor anímico y de proyecto: refrenda una identidad reconocible y da oxígeno competitivo tras un arranque irregular.
Mirando al corto plazo, la agenda de Flick pasa por suturar fugas en transición defensiva, reencender a Lewandowski —que acumuló un penalti fallado y remates desviados— y recuperar a Yamal para devolver amplitud y amenaza exterior. En Nervión, el diagnóstico fue severo; el margen de reacción, inmediato.

