Con temple y oficio, México selló su pase a los octavos de final del Mundial Sub 17 Femenil tras completar una fase de grupos de menos a más en Marruecos. La selección respondió en el momento clave, sostuvo el resultado cuando tocó sufrir y encontró el gol decisivo para meterse en la ruta de la eliminación directa. El objetivo inmediato era clasificar y el equipo lo cumplió con una actuación que dejó señales de carácter y crecimiento competitivo.
El impulso llegó en Salé, en la Academia Mohammed VI de Fútbol, donde el Tri se repuso del tropiezo inicial ante Corea del Norte para recuperar terreno. La victoria ante Países Bajos con un tanto agónico encendió la confianza, incluso jugando en inferioridad numérica durante más de media hora. Esa resistencia, sumada al orden defensivo y a la convicción para atacar con pocos toques, marcó la pauta del torneo para el grupo.
El partido frente a las europeas tuvo nombre propio con la irrupción de Citlalli Reyes, autora del gol al minuto 87 que abrió la puerta de la clasificación y de paso fortaleció la moral del equipo. La media cancha se multiplicó para cubrir espacios, las laterales eligieron bien cuándo subir y la portera respondió bajo presión. La selección entendió los ritmos de un duelo grande y lo ganó con personalidad.
Ya con la mesa servida, el triunfo posterior ante Camerún confirmó la tendencia. México aprendió a cerrar partidos, a manejar ventajas cortas y a sostenerse en campo propio cuando el contexto lo exige. La lectura táctica fue sobria y se notó el ajuste entre líneas para evitar desajustes en transición, un detalle vital en torneos cortos.
México llega con fe y argumentos a la fase de eliminación
El pase a octavos premia la curva ascendente del equipo y deja la sensación de que el margen de mejora sigue abierto. La zaga ha ganado sincronía en el juego aéreo, la segunda línea empieza a pisar el área con más determinación y el balón parado se volvió una herramienta real de amenaza. En torneos juveniles, donde la pegada y la concentración marcan la diferencia, esos matices pesan.
En lo anímico, el grupo mostró madurez para resetearse después del debut y competir con identidad. La gestión de los momentos, desde enfriar el ritmo hasta acelerar con cambios de orientación, fue más fina con el paso de los partidos. El banquillo aportó variantes útiles y los ajustes del cuerpo técnico se reflejaron en un bloque más compacto, un indicio positivo para el mata mata.
El escenario que viene exigirá precisión en los detalles. Minimizar pérdidas en salida, evitar faltas innecesarias cerca del área y mejorar el primer pase tras recuperación serán claves para sostener la iniciativa. Al frente, la movilidad de las puntas y la llegada desde atrás pueden abrir grietas ante rivales que, como es habitual en octavos, conceden muy poco.
Con la clasificación en el bolsillo, México se instala entre las 16 mejores con una mezcla de valentía y oficio. El equipo ha aprendido a ganar de diferentes maneras y esa versatilidad suele ser valiosa cuando cada error pesa doble. Si mantiene la solidez atrás y afina la toma de decisiones en el último tercio, el Tri tiene con qué competir ante cualquiera en Marruecos.

