La Premier League dio un paso clave en su política financiera al rechazar un tope salarial rígido y aprobar un nuevo sistema de control del gasto. Los clubes votaron en contra de la propuesta conocida como TBA, que ligaba el límite salarial a los ingresos del equipo con menos dinero de la liga. En su lugar, respaldaron un modelo basado en porcentajes del ingreso real de cada entidad.
El corazón de la reforma es el Squad Cost Ratio (SCR), que marca cuánto puede destinar cada club a su plantilla. A partir de la temporada 2026-27, el gasto en salarios, amortización de fichajes y cuerpo técnico no podrá superar el 85 por ciento de los ingresos de fútbol más el beneficio neto por ventas de jugadores. Con esta fórmula, la liga quiere frenar excesos sin impedir que los grandes sigan invirtiendo fuerte.
El SCR sustituirá a las actuales Profitability and Sustainability Rules (PSR), muy cuestionadas tras varias sanciones sonadas. El viejo sistema se centraba en el volumen de pérdidas acumuladas y abrió la puerta a maniobras contables difíciles de entender para el aficionado. Ahora el foco se coloca en lo que realmente impacta en el campo: cuánto se gasta en el equipo y el cuerpo técnico.
El nuevo marco incorpora además un margen extra del 30 por ciento que los clubes podrán utilizar durante varios años para superar el tope del 85 por ciento. Esa flexibilidad tendrá precio, porque implicará un recargo económico y, si se abusa de ella, puede derivar en castigos deportivos. El mensaje es claro: se puede arriesgar, pero no sin consecuencias.
Un sistema más estricto y alineado con las reglas de UEFA
En paralelo al SCR, los accionistas aprobaron las normas de Sustainability and Systemic Resilience (SSR). Este paquete obliga a los clubes a superar tres pruebas periódicas sobre capital de trabajo, liquidez y patrimonio neto positivo. El objetivo es detectar a tiempo problemas de caja o de estructura antes de que exploten.
Las nuevas reglas también cierran grietas del antiguo modelo. Ingresos procedentes de ventas de activos fuera del negocio deportivo, como inmuebles o empresas vinculadas, ya no servirán para inflar el margen de gasto en fichajes y sueldos. Solo contará el dinero generado directamente por la actividad del club como entidad de fútbol.
El sistema se acerca al modelo de UEFA, que fija su propio límite de gasto en plantilla en el 70 por ciento de los ingresos para clubes que compiten en Europa. La Premier deja su techo en el 85 por ciento, pero aplica la misma lógica de ratio común para todos. Los equipos más potentes seguirán con ventaja por volumen de ingresos, aunque con menos libertad que antes para disparar costes.
La transición será gradual y las PSR seguirán vigentes durante la temporada 2025-26, mientras se ajustan los controles y se afina la supervisión del nuevo esquema. A partir de 2026-27, la gran batalla ya no girará en torno a imponer un tope salarial absoluto, sino a comprobar cómo se aplican en la práctica el SCR y el SSR. En el fondo, lo que está en juego es el equilibrio entre proteger la competencia y mantener a la Premier como la liga más poderosa del mundo.

