El sorteo del Mundial 2026 dejó a Brasil como cabeza de serie del Grupo C, acompañado por Marruecos, Escocia y Haití. El torneo, que por primera vez tendrá 48 selecciones repartidas en 12 grupos, se jugará en sedes de México, Canadá y Estados Unidos entre el 11 de junio y el 19 de julio. La canarinha arranca el camino con la etiqueta de favorita, pero en una llave con trampas evidentes para cualquier descuido.
La selección dirigida por Carlo Ancelotti llega con la presión histórica de volver a pelear por el título tras un ciclo irregular en los últimos años. El técnico italiano ha intentado combinar la tradicional creatividad ofensiva brasileña con una estructura táctica más europea, buscando equilibrio entre talento y disciplina. El grupo C, a priori accesible, será el laboratorio definitivo para comprobar si ese plan funciona ante perfiles de rivales muy distintos.
El primer gran examen será Marruecos, una de las selecciones más sólidas del último ciclo mundialista. El combinado africano viene de consolidarse como potencia continental, con un bloque que mezcla figuras en grandes ligas europeas y una base que se conoce desde hace años. Su modelo de juego, con defensa agresiva y salidas rápidas, ya complicó a gigantes en 2022 y convierte el debut de Brasil en un partido de alto riesgo.
Después aparece Escocia, que regresa a una fase final mundialista y reedita duelos históricos ante Brasil. Los escoceses se han reconstruido bajo el mando de Steve Clarke, apoyados en una generación con más calidad en la Premier League y en ligas top que en décadas anteriores. Intensidad, juego aéreo y un fuerte sentido colectivo perfilan a un rival incómodo, especialmente en escenarios donde el clima y la atmósfera puedan favorecer a la ruidosa Tartan Army.
Ecos de Francia 98 en el nuevo formato mundialista
El morbo añadido del Grupo C está en la memoria de Francia 1998, cuando Brasil compartió grupo con Marruecos y Escocia, en una configuración muy similar a la actual. Aquella vez el campeón del mundo debutó ante Escocia y también se midió al cuadro marroquí, en una fase con marcados contrastes de estilos. Ahora se suma Haití, que llega como el gran tapado del sector y con la motivación de sorprender en un escenario gigantesco.
La selección haitiana, más allá de su condición de cenicienta, puede ofrecer resistencia si aprovecha su energía física y algunos talentos desperdigados por ligas menores de Europa y Norteamérica. Su historia mundialista es breve, pero ya dejó huella en 1974 cuando logró un triunfo recordado ante Italia. En un Mundial ampliado, equipos de este perfil suelen beneficiarse de la mayor cantidad de partidos y del desgaste emocional de las potencias.
En lo estrictamente competitivo, el calendario del grupo obliga a Brasil a entrar concentrado desde el primer minuto. La canarinha debutará contra Marruecos antes de enfrentarse a Escocia y Haití, en sedes aún por definirse pero que se repartirán entre grandes plazas de Estados Unidos. La gestión de los viajes, los climas y las superficies se suma como un factor adicional en un torneo de dimensiones inéditas.
El contexto general del Mundial 2026 también juega su papel en el análisis del Grupo C. El formato de 48 selecciones abre la puerta a más sorpresas, reduce el margen de error y castiga con dureza cualquier tropiezo temprano de los favoritos. Para Brasil, el reto no pasa solo por liderar el grupo, sino por hacerlo con autoridad, construyendo confianza y automatismos antes de etapas de eliminación directa donde ya no habrá red de seguridad.

