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Mazatlán FC apunta a despedirse y entra al grupo de clubes fugaces en Liga MX

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Mazatlán FC apunta a despedirse y entra al grupo de clubes fugaces en Liga MX

Foto: @MazatlanFC - X

Mazatlán FC apunta a despedirse y entra al grupo de clubes fugaces en Liga MX

Mazatlán FC está cerca de convertirse en el siguiente club de paso fugaz en la Liga MX, mientras el histórico Atlante se perfila para regresar al máximo circuito a partir del Apertura 2026. En la más reciente Asamblea de Dueños, Mikael Arriola confirmó que el proceso de compra-venta ya está en marcha y que la operación apunta a cerrarse antes del verano de 2026, sujeto a requisitos y autorizaciones.

La maniobra se enmarca en una liga que ha normalizado reacomodos corporativos y cambios de plaza en los últimos años, en parte por el modelo sin descenso deportivo directo y por las presiones financieras que enfrentan las franquicias. Para Mazatlán, el anuncio marca un punto de salida tras apenas cinco años en Primera, un periodo en el que el club rara vez logró instalarse como protagonista dentro y fuera de la cancha.

El origen del proyecto mazatleco estuvo rodeado de polémica desde el primer día, cuando se aprobó la mudanza de Monarcas Morelia a Sinaloa en 2020, en un contexto todavía marcado por la pandemia. La transformación incluyó cambio de sede, identidad y marca, pero la apuesta no se tradujo en estabilidad deportiva ni en una narrativa competitiva sostenida.

En el terreno estrictamente futbolístico, los Cañoneros dejaron números discretos: en diez torneos solo rebasaron la barrera de 20 puntos en cuatro ocasiones, con su mejor registro de 22 unidades en el Apertura 2023. En ese torneo alcanzaron el Play-In como décimos y quedaron fuera ante Santos Laguna, mientras que en el Clausura 2022 entraron a repechaje como lugar 12 y cayeron en penales frente a PUEBLA, sus únicas apariciones en fase final.

La tabla de cocientes y el modelo sin descenso alimentan la rotación de plazas

La salida de Mazatlán también puede leerse desde la economía competitiva de la Liga MX, donde la permanencia se negocia con multas y no con un descenso automático. En temporadas recientes, el club ha cargado con el costo de la tabla de cocientes, un sistema que penaliza el rendimiento acumulado y que mantiene la conversación pública sobre incentivos deportivos, gasto y planeación a mediano plazo.

En paralelo, el regreso de Atlante, propiedad de Emilio Escalante, se presenta como un movimiento de alto valor simbólico para una afición que ha reclamado su lugar en Primera y que ha sido protagonista del debate por la suspensión del ascenso. El club azulgrana ha navegado años de incertidumbre en la Liga de Expansión, en un entorno donde la ruta deportiva a la Liga MX se mantuvo cerrada y empujó a varias instituciones a explorar vías legales y administrativas.

El caso Atlante-Mazatlán no es un hecho aislado, sino parte de una lista de proyectos que pasaron sin dejar huella profunda en el máximo circuito o que se diluyeron por decisiones de escritorio. Ahí aparecen Cobras de Queretaro, con ascensos y descensos en lapsos cortos antes de mudanzas y desaparición, y Ángeles de Puebla, cuya franquicia terminó en Torreón y dio origen a Santos Laguna, un recordatorio de cómo un traslado puede cambiar el mapa del futbol mexicano.

También están ejemplos de fugacidad extrema como Colibríes de Morelos, que duró un solo torneo en Primera, y proyectos que se apagaron rápido pese a destellos competitivos, como Indios de Juárez, semifinalista en 2009 y descendido al año siguiente antes de la desafiliación por problemas de pagos. En tiempos más recientes, Lobos BUAP consiguió ascender y evitó el descenso con una multa, pero terminó vendiendo la franquicia y cediendo su lugar, una historia que conecta con el patrón actual de supervivencia vía cartera y no vía cancha.

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