Mazatlán vive uno de los momentos más inciertos desde su llegada a la Liga MX. Con la confirmación de Mikel Arriola de que el club cambiará su identidad para convertirse en el Atlante a mediados de 2026, el futuro inmediato quedó envuelto en confusión, incertidumbre y salidas inesperadas. Robert Dante Siboldi renunció al cargo de director técnico junto a todo su cuerpo técnico.
Sin refuerzos, sin presupuesto y con un plantel limitado, Siboldi decidió no arriesgar su trayectoria en un torneo donde el club solo aspira a terminar con dignidad. La directiva lo intentó retener, pero la realidad deportiva y administrativa pesó más que cualquier promesa.
Christian Ramírez, quien hasta hoy dirigía fuerzas básicas, asumirá el cargo de manera inmediata. Su encomienda no será sencilla: mantener competitiva a una plantilla que ya siente el final del proyecto y que observa cómo su institución se transforma sin certezas claras.
La salida del técnico se suma a un ambiente donde los jugadores también buscan acomodo. El club dejó de funcionar como un proyecto estable y ahora solo espera el momento en que la mudanza y el cambio de identidad sean oficiales. En Mazatlán ya nadie sabe quién seguirá, quién se irá o si tendrán siquiera un torneo completo para despedirse de su afición.
Un plantel que se vacía mientras el Atlante toma forma
El adiós de Nicolás Benedetti abrió la puerta a una ola de salidas. El colombiano encontró acomodo en España y no dudó en irse ante el caos interno. León ya levanta la mano por Bryan Colula y tanto Lucas Merolla como Jordan Sierra pidieron su salida de manera formal.
El Mazatlán que se conocía se desvanece poco a poco. Los jugadores entienden que el proyecto está condenado a cerrar su ciclo, y cada día que pasa el club sinaloense se parece menos al que llegó a la Liga MX en 2020.
Mazatlán vive sus últimos meses de existencia deportiva y lo hace en medio de despedidas, renuncias y decisiones inevitables. El Atlante ya espera su lugar.

