La salida de Miguel Herrera del banquillo de Costa Rica dejó una mezcla de balance deportivo y heridas abiertas que el técnico mexicano no intentó maquillar. Tras quedar fuera del camino al Mundial 2026, el entrenador reconoció que el golpe se sintió distinto por la cercanía del objetivo y por la expectativa que se había generado dentro del grupo y alrededor del proyecto.
En una entrevista difundida por Claro Sports, Herrera retrató el cierre como un episodio que lo marcó más que otros tropiezos en su trayectoria. «Este es el proceso más triste, porque teníamos ilusión, ganas y una Copa Oro aceptable», Miguel Herrera. El técnico remarcó que el equipo mostró compromiso, aunque la diferencia en partidos de margen mínimo terminó por condenar el intento.
Herrera colocó el foco en la falta de contundencia como el detalle que cambió la historia y que transformó el análisis en lamento. «Me dolió mucho la eliminación, me pegó fuerte porque tenía mucha ilusión. Los muchachos lo hicieron bien, se entregaron, pero nos faltó un gol», Miguel Herrera. En su lectura, la frustración crece porque la ruta no se rompió por goleadas, sino por una suma de episodios cerrados donde un acierto más habría reescrito el desenlace.
El técnico también explicó que, en una eliminatoria tan apretada, un solo momento puede alterar la tabla y el ánimo de un vestidor. «Un solo gol nos hubiera llevado directo al Mundial o al repechaje. Esa es la realidad», Miguel Herrera. Su mensaje dibujó el tipo de caída que pesa más por lo tangible, porque el margen que faltó cabe en una jugada.
Atlante aparece como el siguiente capítulo y el Piojo no lo esconde
Con el fin del ciclo tico, el nombre de Herrera se movió de inmediato en el mercado y encontró un destino con carga sentimental y fuerza mediática. El posible regreso de Atlante a Liga MX para 2026, impulsado por el proceso de compra de la franquicia que hoy ocupa Mazatlán, abrió una conversación que mezcla nostalgia, negocio y urgencia competitiva. El contexto favorece a técnicos con experiencia en plazas de alta presión, y Herrera encaja por perfil, historial y visibilidad.
La federación mexicana y directivos de liga han reconocido públicamente que el regreso de Atlante se encamina mediante un proceso formal para tomar una plaza en Primera División. Para cualquier entrenador, un retorno así ofrece algo más que un empleo, ofrece un proyecto que necesita identidad inmediata, resultados rápidos y un relato que conecte con una afición que exige volver a sentirse protagonista. En ese escenario, el primer rostro del banquillo puede definir el tono de todo el relanzamiento.
Herrera no evitó el tema y su respuesta alimentó el interés, sobre todo por el vínculo que tiene con el club. «Es al único equipo que no le diría que no nunca. Ojalá y caiga. La verdad es que lo que deseamos es que regrese el Atlante y que regrese fuerte y ojalá que nos vuelva a dar felicidad y alegrías», Miguel Herrera. La frase funcionó como guiño y como candidatura abierta, en un futbol donde los proyectos suelen activarse con señales públicas antes de las negociaciones finales.
El lazo no es menor, porque Atlante también representa el origen de Herrera como entrenador y una parte de su identidad futbolística, algo que suele pesar cuando se trata de reconstrucciones. La posibilidad de volver en 2026 se alinea con un calendario que tendrá al futbol mexicano bajo lupa por el entorno del Mundial, y cualquier movimiento de franquicias o de banquillos será interpretado como parte de una reconfiguración más amplia. En ese tablero, Herrera busca convertir una eliminación dolorosa en un punto de giro, con un club que conoce y con una vitrina que no perdona.

