La selección de Brasil ya conoce el mapa de su primer gran examen rumbo al hexacampeonato. Brasil compartirá en el Grupo C del Mundial 2026 con Marruecos, Escocia y Haití, tras el sorteo realizado en el Kennedy Center de Washington. En sus primeras reacciones, Carlo Ancelotti no dudó en subrayar al combinado marroquí como el adversario más exigente del sector, recordando su papel de revelación en Catar 2022. El mensaje del italiano fue claro al decir que no hay margen para la relajación en una fase de grupos que parece más incómoda de lo que sugiere el formato ampliado del torneo.
El elogio a Marruecos no es gratuito. El cuadro de Walid Regragui viene de firmar la mejor actuación de una selección africana en la historia de los Mundiales, alcanzando las semifinales en Catar después de eliminar a España en los penales y de dejar fuera a Portugal en cuartos de final. Su estructura defensiva compacta, el trabajo solidario de un bloque muy corto y la capacidad para castigar al contragolpe lo han convertido en un modelo de eficiencia competitiva.
A ese pasado reciente se suma un presente contundente. Marruecos encadenó una fase de clasificación africana casi perfecta, con pleno de triunfos en su grupo y un acceso temprano al Mundial 2026, consolidándose como uno de los proyectos más serios fuera de Europa y Sudamérica. Esa continuidad explica que Ancelotti los vea como la vara que medirá el verdadero nivel de una Brasil que llega de una eliminatoria sudamericana más sufrida de lo habitual.
El entrenador italiano también hizo énfasis en el respeto hacia Escocia y Haití, dos selecciones con perfiles muy distintos, pero con un denominador común en que se ganaron su lugar en la cancha. Escocia vuelve a un Mundial masculino después de décadas de ausencia, impulsada por una generación con presencia estable en la Premier League y respaldada por una clasificación europea convincente. Haití, por su parte, regresa a la máxima vitrina por primera vez desde 1974, tras dominar su grupo en la zona de Concacaf y convertirse en una de las historias emotivas del camino a 2026.
Marruecos, la prueba que simboliza el nuevo mapa del futbol mundial
Desde la óptica brasileña, el sorteo reafirma un escenario de máxima exigencia. La pentacampeona, que aspira a conquistar su sexto título, llega al Mundial con la obligación de recuperar la autoridad perdida tras una eliminatoria irregular y varios tropiezos en amistosos recientes. De ahí que la Confederación Brasilera haya programado duelos de preparación ante potencias como Francia y Croacia, buscando que la estructura de Ancelotti se pruebe ante delanteros del nivel de Kylian Mbappé y Luka Modric antes de aterrizar en el Grupo C.
El calendario añade dramatismo: Brasil debutará ante Marruecos, para luego medirse a Haití y cerrar frente a Escocia, con todos sus partidos en sedes estadounidenses como Boston, Nueva York, Filadelfia y Miami. El choque inicial contra los Leones del Atlas está llamado a marcar el tono del grupo, porque enfrentará a una selección sudamericana que busca dominar desde la posesión contra una de las mejores defensas del pasado Mundial. Un tropiezo tempranero podría obligar a la Canarinha a jugarse la clasificación bajo presión ante rivales que se sienten cómodos en el caos.
En ese contexto, la figura de Neymar se mantiene como un interrogante permanente. El delantero, de 33 años, viene de una larga secuencia de problemas en la rodilla, pero acaba de firmar un hat trick con Santos ante Juventude en el Brasileirao, actuación que lo devolvió al centro del debate público sobre su posible presencia en 2026. Ancelotti ha reiterado que solo llevará a jugadores en plenitud física y ha recordado que el ataque brasileño dispone de alternativas de élite como Vinícius Júnior, Rodrygo o Endrick, lo que coloca al astro en la necesidad de demostrar continuidad y salud, además de talento.
Mientras tanto, Escocia y Haití representan amenazas diferentes, pero reales. El cuadro europeo se apoya en un futbol intenso, físico y directo, con mediocampistas capaces de sostener un ritmo alto durante noventa minutos y de castigar cualquier desajuste en el juego aéreo. Haití llega con menos focos, pero con un arsenal de jugadores que militan en ligas menores y en la MLS, acostumbrados a las condiciones de Norteamérica, y con la motivación de una generación que carga con medio siglo de ausencia mundialista.

