El primer gran examen del AC Milan en la Serie A 2025–26 encontró respuesta en los pies de Christian Pulisic. Bajo la batuta de Massimiliano Allegri, el cuadro rossonero puso contra las cuerdas a Napoli en un San Siro a rebosar, impulsado por un arranque vertiginoso del estadounidense: asistencia al minuto 3 y diana propia al 31’ para encaminar un 2-0 que retrató un plan de juego valiente, con presión alta, salida limpia y verticalidad por bandas.
La noche empezó con Pulisic encendido. Tras recuperar Estupiñán y cederle en medio campo, el ‘11’ activó la carrera con un cambio de ritmo que dejó atrás a Giovanni Di Lorenzo. Sin perder tranco, armó un centro milimétrico con zurda para Alexis Saelemaekers, que apareció a la espalda del lateral y definió raso para el 1-0. El golpe temprano descolocó a Napoli y reforzó la idea rossonera de atacar la espalda de los laterales con rupturas constantes.
Lejos de replegarse, Milan siguió tejiendo desde atrás. La circulación paciente encontró su acelerador cuando Strahinja Pavlović se atrevió a conducir por dentro, rompiendo la primera línea de presión. Esa conducción abrió el carril izquierdo para que el propio serbio soltara un envío tenso hacia Youssouf Fofana; el mediocampista amortiguó de primera y sirvió de cara a Pulisic, que llegó perfilado, golpeó limpio y firmó el 2-0 con una definición serena y quirúrgica.
El estadounidense no solo fue finura en los metros finales: estiró al equipo con desmarques diagonales, fijó al lateral y, cuando fue necesario, se ofreció por dentro para activar paredes con los interiores. Cada intervención suya tuvo intención, ya fuera para acelerar hacia línea de fondo o para atraer marcas y liberar a Saelemaekers y Fofana como llegadores.
El otro foco: Pavlović y Fofana, los ‘puentes’ del 2-0
El segundo gol es una postal del plan Allegri. Pavlović, central con zancada, se animó a romper líneas y forzó a Napoli a replegar de emergencia; Fofana leyó la jugada como mediapunta, control orientado sutil y descarga al punto justo. Pulisic hizo el resto con un disparo seco, coronando una acción que mezcló valentía, técnica y sincronización.
Napoli, obligado a adelantar metros, encontró fases de balón pero sin profundidad sostenida. Cuando intentó cargar por dentro, Milan respondió con agresividad en la recuperación tras pérdida y transiciones dañinas, muchas de ellas nacidas en conducciones de Pulisic o en cambios de orientación a la espalda de Di Lorenzo. El visitante necesitó de individualidades para reengancharse al juego, pero San Siro ya navegaba a ritmo rossonero.
Para Pulisic, la noche alimenta una narrativa que se repite: determinación en los estrenos grandes, impacto inmediato y liderazgo silencioso. Su doble participación —asistencia y gol— no solo dibuja el resultado; también explica la identidad que busca Allegri: un equipo que manda con la pelota y mata con el primer toque en área rival.
Más allá del marcador, el triunfo coloca a Milan con impulso competitivo y un libreto reconocible: centrales que se atreven, interiores que conectan y extremos que deciden. En ese triángulo, Pulisic aparece como vértice de oro. Si mantiene este nivel, San Siro tendrá muchas noches para cantar su nombre.
«Al momento de esta publicación, el AC Milan lleva la ventaja de 2-1 a 30 minutos del final.»

