México vive la fiebre del Mundial Sub-20 de Chile 2025 y, más allá del cruce de cuartos ante Argentina, un nombre se ganó foco propio: Tahiel Jiménez. El delantero de Santos Laguna —autor del primer gol en el 4-1 sobre Chile— encarna el perfil que ilusiona: agresivo al atacar el área, buen juego de espaldas y un golpeo seco que desatasca partidos. Su ascenso convive con la figura de Gilberto Mora (Xolos), líder emocional y creativo de una camada que sueña en grande.
La biografía de Tahiel explica parte del caso. Nació el 22 de enero de 2006 en Boca del Río, Veracruz, pero es hijo de Walter “Lorito” Jiménez, exmediocampista argentino con extensa carrera en la Liga MX. Esa doble raíz alimenta la pregunta inevitable: ¿ya está “atado” a México o la Albiceleste podría llamarlo más adelante? El propio Tahiel se define “jarocho” y ha expresado su deseo de representar al Tri toda su carrera; el debate, entonces, no es sentimental, sino reglamentario.
En la cancha, su rol ha sido claro. Cuando México presiona alto y recupera arriba, Tahiel recibe más cerca del arco, ataca el primer poste y detecta segundas jugadas; cuando el equipo retrocede, fija centrales para habilitar la conducción de Mora entre líneas. Esa complementariedad explica por qué ambos potencian al equipo: uno estira, el otro asocia y finaliza.
El paralelismo con Santiago Giménez surge solo. “El Bebote”, con padre argentino (Christian “Chaco” Giménez), consolidó su identidad tricolor al sumar minutos en torneos oficiales de la mayor. Ese camino —impacto juvenil, salto a la absoluta, participación oficial— es el que podría cerrar cualquier debate en el caso de Tahiel.
Lo que dicen las reglas: cuándo queda “atado” a México
Jugar un Mundial Sub-20 no “cap-tiea” de forma definitiva. Bajo la normativa vigente, un futbolista con más de una nacionalidad puede solicitar un único cambio de federación mientras no haya disputado un partido oficial con la selección absoluta. Para quedar ligado de forma permanente al Tri, Tahiel debe jugar —aunque sea un minuto— en una competencia oficial de mayores: Eliminatorias, Nations League de Concacaf, Copa Oro o Mundial. Los amistosos de la absoluta no amarran.
¿Qué debería hacer México si quiere blindarlo? Acelerar su integración gradual a la mayor y, cuando el proceso deportivo lo justifique, darle minutos en un torneo oficial. Eso no implica saltarse etapas: se trata de sincronizar rendimiento, madurez y ventana reglamentaria. El propio jugador ha manifestado su convicción de vestir la verde; el trámite competitivo convertiría esa intención en certeza jurídica.
Mientras tanto, lo urgente es lo competitivo. Contra Argentina, México necesita activar a Tahiel donde más duele: centros con ventaja desde la banda fuerte, llegadas de segunda línea para cazar rebotes y un ritmo de presión que acerque sus primeras recepciones al área. Con Mora como lanzador y extremos profundos, el ‘9’ encuentra el ecosistema que más lo favorece.
La conclusión es doble. En el corto plazo, Tahiel es presente y gol para el Sub-20; en el mediano, un proyecto serio para la absoluta. Si México afina la transición y sella su “cap-tie” en el momento oportuno, habrá encontrado en Jiménez un eco contemporáneo de la ruta que convirtió a Santi Giménez en referencia: identidad clara, impacto sostenido y un camino a la mayor trazado con rendimiento, no solo con papeles.

