El debut de Guillermo Almada como entrenador de Real Oviedo dejó un empate sin goles ante Celta de Vigo en el estadio Carlos Tartiere, un punto que suma en la tabla, pero no despeja la alarma deportiva. El equipo asturiano mostró una cara más agresiva en el segundo tiempo, aunque la falta de contundencia volvió a ser el techo que le impidió transformar el impulso en una victoria necesaria.
El partido se jugó con la tensión propia de un club que vive al límite y que necesita resultados inmediatos para salir de la zona roja. Oviedo llegó al cierre del año en la parte baja, con una racha extendida sin triunfos cercana a tres meses y un margen de error cada vez más reducido para sostener la categoría.
Durante la primera mitad, el encuentro caminó por carriles de cautela y pocas oportunidades claras, con ambos equipos priorizando el orden. La posesión se repartió y el ritmo fue entrecortado, con duelos físicos y escasa continuidad cerca de las áreas, un guion que favoreció a un Celta cómodo para sostener el control sin arriesgar de más.
Tras el descanso, el Oviedo subió líneas, presionó más arriba y empujó al rival hacia su campo, en el sello que suele acompañar a los equipos de Almada cuando encuentran energía. La producción ofensiva creció por volumen y por insistencia, pero el marcador se mantuvo inmóvil por falta de precisión en el último toque y por la respuesta de un arquero que terminó siendo decisivo.
La figura de Ionut Radu y el ruido extradeportivo que rodea al Oviedo
El nombre del partido fue el guardameta rumano Ionut Radu, quien sostuvo el cero con intervenciones firmes en los momentos de mayor dominio local. Su actuación reforzó una tendencia recurrente en el futbol de élite, cuando un equipo se instala en campo rival, la diferencia entre sumar uno o tres puntos puede depender de un portero en estado de inspiración y de la capacidad para definir bajo presión.
El empate también prolongó un problema estadístico que ya pesa como lastre, el Real Oviedo ha encadenado varios partidos en casa sin anotar, una sequía que explica por qué el equipo sigue atrapado en el fondo. Aun con más intención y mayor agresividad en el complemento, la producción sigue sin convertirse en goles, y ese es el dato que más preocupa de cara al siguiente tramo de temporada.
Fuera del campo, el club atraviesa un clima complejo por decisiones recientes del Grupo Pachuca, un contexto que ha intensificado el ruido social alrededor del proyecto. Ese entorno acompaña a un equipo que busca estabilidad mientras intenta reordenar el rumbo con un nuevo entrenador, en una liga donde los cambios de banquillo suelen ser el primer recurso cuando la permanencia está en juego.
Para el Celta de Vigo, el 0 a 0 tuvo una lectura distinta, un punto fuera de casa que mantiene vivas sus aspiraciones de acercarse a la zona europea, aunque con la sensación de haber resistido más de lo planeado en el segundo tiempo. Para el Oviedo, el estreno de Guillermo Almada deja señales de reacción y un plan más reconocible, pero también la confirmación de que el camino hacia la salvación exigirá algo que todavía no aparece, gol y victorias en un calendario que no espera.

