José Mourinho pasó de un posible reencuentro emotivo en el Santiago Bernabéu a un escenario lleno de tensión. El portugués no pudo ver a Florentino Pérez en Lisboa porque el presidente decidió no viajar a última hora, y ahora su presencia en Madrid también está rodeada de dudas tras la expulsión que sufrió.
La sanción le impide estar en el área técnica y dar instrucciones, por lo que incluso se contempla que no acuda al estadio y vea el partido desde un sitio privado para comunicarse con su cuerpo técnico sin ser captado por las cámaras.
El técnico fue expulsado tras reclamar con intensidad una segunda amarilla para Vinicius. La protesta fue en aumento hasta que el árbitro le mostró la doble amonestación. Mourinho terminó sentado detrás del banquillo, desafiante, pero ya sin poder intervenir en el juego.
Después del partido, lejos de bajar el tono, justificó su expulsión asegurando que el árbitro tenía “un papel” donde ciertos jugadores no podían ser amonestados. Una declaración que volvió a colocarlo en el centro de la polémica.
Las declaraciones sobre Vinicius encienden al madridismo
Más allá de la tarjeta roja, lo que realmente tensó el ambiente fueron sus palabras sobre Vinicius. Tras el episodio racista que vivió el brasileño, Mourinho insinuó que el jugador pudo haber provocado con su celebración.
“Marca un gol que sólo él o Mbappé pueden marcar… pero después no debe meterse con 60.000 personas”, señaló en rueda de prensa, una frase que no cayó nada bien entre los aficionados merengues.
El regreso de Mourinho al Bernabéu apuntaba a vítores y aplausos. Hoy, el contexto es distinto. Entre la sanción, la polémica arbitral y sus comentarios sobre el extremo brasileño, el técnico portugués vuelve a escena rodeado de controversia.
El reencuentro que prometía nostalgia ahora huele a tensión. Y como tantas veces en su carrera, Mourinho vuelve a estar en el centro del huracán.

