Jurgen Klopp llegó a Red Bull en enero de 2025 como director de futbol mundial y generó sorpresa en Alemania e Inglaterra. Muchos imaginaron un rol simbólico, lejos de la toma de decisiones y limitado a representar la marca en actos públicos.
A casi un año de su llegada, esa percepción quedó atrás. Klopp se involucró de lleno en entrenamientos, planificación deportiva y fichajes, al punto de convertirse en una figura clave dentro de la estructura global del grupo.
Desde Leipzig hasta Salzburgo, el técnico alemán participa activamente en la estrategia futbolística. Oliver Mintzlaff, directivo de Red Bull, lo definió como el “fichaje estrella sin coste”, reflejando el impacto inmediato de su presencia.
La red de clubes de Red Bull incluye proyectos en Alemania, Austria, Estados Unidos, Brasil, Japón y Francia, además de su participación en Leeds United. Klopp trabaja para alinear criterios deportivos y detectar talento que encaje en un modelo común.
Klopp manda del vestuario a la sala de juntas
El exentrenador del Liverpool influyó directamente en fichajes clave como el de Johan Bakayoko, a quien convenció tras largas conversaciones personales. Leipzig pagó 18 millones de euros por el extremo belga, símbolo del nuevo enfoque joven y competitivo del club.
La reconstrucción dio resultados rápidos. Tras una campaña decepcionante, Leipzig escaló al cuarto puesto de la Bundesliga y volvió a competir en la parte alta, apoyado en una plantilla renovada y en decisiones firmes desde la dirección deportiva.
Klopp también respaldó decisiones difíciles. Aprobó la salida de Marco Rose pese a su relación personal y avaló cambios similares en otros clubes del grupo. Su gestión prioriza el proyecto por encima de los vínculos, una señal clara de autoridad interna.
Aunque hoy descarta volver al banquillo, Klopp mantiene abiertas todas las puertas. En Red Bull encontró un espacio para construir, ordenar y liderar, pero su figura sigue ligada al futbol de élite y al deseo constante de competir.

