Italia volvió a escribir una página insólita de su fútbol de provincias: Lamberto Boranga, portero nacido en 1942 en Foligno, se convirtió con 82 años en el jugador más veterano en disputar un partido oficial en el país. Su debut con el USD Trevana, club de la séptima categoría italiana, llegó frente al Foligno en un duelo que terminó 10-0 en contra. La goleada no borra el símbolo: seis décadas después de su estreno profesional con el Perugia, el arquero regresó al césped para desafiar al tiempo y a la lógica competitiva. “Cometí dos errores, pero hice tres o cuatro buenas atajadas”, declaró al término del encuentro, defendiendo su actuación con la serenidad de quien ha visto casi todo bajo el arco.
Boranga, que atajó en Serie A con Fiorentina y, sobre todo, con Cesena —donde firmó 92 presencias entre 1973 y 1977—, también jugó en Brescia y Parma. En el club parmesano coincidió brevemente con un joven centrocampista llamado Carlo Ancelotti, hoy seleccionador de Brasil, lo que añade un guiño histórico a su currículum. Colgó los guantes por primera vez en 1993, volvió al amateurismo en 2009, se retiró de nuevo en 2019 con Marottese y, seis años después, respondió a la llamada del Trevana para un último servicio. En su reestreno fue sustituido en la segunda parte, cuando el marcador ya era abultado; dejó el campo tras encajar la mitad de los goles que acabó sufriendo su equipo.
Más allá del resultado, su retorno pone en foco un itinerario deportivo y vital fuera de serie. Boranga es médico de formación (cardiólogo) y atleta máster de alto nivel: ha competido en salto de longitud, triple salto y altura, con plusmarcas mundiales en categorías M65 y M70. Su disciplina cotidiana —entrenamiento regular, dieta estricta, vida activa sin tabaco ni alcohol— le ha permitido sostener un físico funcional a una edad inusual para el alto rendimiento. Ese rigor, trasladado a la portería, se traduce en lectura de juego, valentía en el uno contra uno y una elasticidad que, aunque no sea la de sus 30, todavía le alcanza para firmar paradas de mérito.
El contexto del Trevana y de la Prima Categoria (séptimo escalón) también ayuda a entender la dimensión del suceso. Se trata de un fútbol eminentemente comunitario, donde el tejido social del club es tan importante como el resultado del domingo. Boranga encarna esa épica de proximidad: el veterano que vuelve a ponerse los guantes para ayudar, inspirar y, de paso, atraer la mirada mediática a una liga que rara vez asoma a los titulares. En ese ecosistema, su presencia no es una excentricidad, sino una herramienta de pertenencia y relato.
¡Increíble! El excompañero de Ancelotti que sigue jugando futbol
El relato gana aún más brillo con un guiño histórico: Boranga fue compañero de un joven Carlo Ancelotti en el Parma, mucho antes de que el hoy seleccionador de Brasil se convirtiera en una leyenda del banquillo. Aquella coincidencia en la Emilia-Romaña funciona como puente entre eras: el fútbol de los setenta, áspero y romántico, enlazado con una élite moderna globalizada. Que uno de aquellos protagonistas siga compitiendo, a su manera, es una postal que desafía al calendario.
La elección del Trevana de apostar por su veteranía tiene una lógica que trasciende el marketing. En un séptimo escalón donde los recursos son limitados, la experiencia cuenta tanto como la técnica. Ordenar la defensa, gestionar los tiempos, leer la segunda jugada: saberes que el umbro posee de memoria. Y aunque el Foligno desbordó por calidad y ritmo, hubo tramos en los que el viejo oficio sostuvo el tipo y regaló atajadas que levantaron a la grada.
Boranga, además, no es solo futbolista. Es médico de formación y un atleta máster con participación destacada en pruebas de salto, lo que explica parte de su longevidad deportiva. Rutina, descanso, dieta y trabajo específico han sido sus mantras. Su historia recuerda que el rendimiento no es un truco de una noche, sino la suma de decisiones diarias. Por eso, cuando dice “hice tres o cuatro buenas paradas”, el mensaje no es vanidad: es el estándar de exigencia que siempre habitó en la portería.
¿Qué viene ahora? El propio protagonista deja la puerta abierta a seguir sumando minutos si el físico responde y el equipo lo requiere. Pase lo que pase, el récord ya lleva su nombre, pero quizá su legado más potente se vea entre semana, en el entrenamiento: el juvenil que mire al lado y vea a un portero de 82 años lanzarse a por un balón entenderá que este juego, al final, trata de compromiso. Y en eso, Lamberto Boranga sigue siendo de Primera.

