Con apenas mayoría de edad, Lamine Yamal vive ya como una superestrella global, pero insiste en que no quiere convertirse en una copia de nadie. El jugador del FC Barcelona concedió una extensa entrevista al programa 60 Minutes de la cadena estadounidense CBS News, donde habló de su presente, su futuro y el peso de las expectativas. Entre risas y reflexiones serias, dejó claro que su plan es escribir su propia historia.
El extremo explicó que entiende el fútbol como un juego para divertir, más que como una obsesión por coleccionar récords. Comentó que le ilusiona marcar goles y dar asistencias, pero que lo que de verdad le llena es ver a la gente disfrutar con su manera de jugar, en especial a los niños que lo miran como referencia. En su visión, el fútbol va más allá de las estadísticas: es espectáculo, creatividad y conexión con la grada.
Yamal también mostró su faceta más terrenal cuando habló de su vida fuera del césped. Dijo que sueña con la libertad de poder conducir su propio coche, pero que no se ve comprando un superdeportivo de lujo, sino un automóvil cómodo y atractivo que sus amigos puedan compartir y disfrutar. Bajo el foco mediático, sigue habiendo un chico de barrio que pasa tiempo en redes sociales, se duerme en el autobús del equipo y bromea con sus compañeros como cualquier joven de su edad.
Su relación con el balón, en cambio, tiene un matiz mucho más profundo. Definió al fútbol como su primer gran amor y aseguró que en su entorno todo gira alrededor del juego, amigos, familia y conversaciones cotidianas. Entre todos los goles que lleva ya en su carrera, destacó especialmente el tanto a Francia en la Eurocopa y uno reciente en Champions contra Brujas, dos momentos que siente como la confirmación de que pertenece al máximo nivel.
Messi como inspiración, no como destino
La comparación permanente con Lionel Messi apareció inevitablemente en la charla, y fue ahí donde Lamine trazó una línea clara. Dijo que respeta al argentino como el mejor de la historia y que ha aprendido mucho observando su visión de juego, pero insistió en que no quiere ser una réplica ni ocupar su lugar simbólico en el Barça. No aspira a imitar su estilo ni a cargar con su número icónico; su objetivo es construir una identidad propia dentro y fuera del campo.
El joven también repasó un capítulo delicado de su carrera sobre la elección entre España y Marruecos a nivel de selecciones. Reconoció que la histórica actuación marroquí en el Mundial le hizo pensar seriamente en esa posibilidad, pero que en el momento de la decisión nunca tuvo dudas reales y se inclinó por España, el país donde nació y se formó. Aun así, recalcó que siente un cariño profundo por Marruecos, al que considera también su país, y que no habría sido extraño verle defender esos colores.
De cara al futuro inmediato, el gran objetivo se llama Mundial. Yamal aseguró que percibe a España como una candidata seria al título, algo que no ocurría desde hace tiempo, y que él se siente importante y en un momento ideal para afrontar el reto. Explicó que vive la expectativa con ilusión, convencido de que va a disfrutar al máximo la cita y sin esconder que sueña con levantar el trofeo.
En cuanto a su modelo futbolístico, contó que de niño no era un regateador compulsivo, sino un jugador rápido con una visión de juego privilegiada. Se fijaba en los pases diferentes de Messi, esos envíos que nadie más veía, y en los toques exteriores de Luka Modric, que le parecían detalles más interesantes que un simple drible. Si consigue mantener esa mezcla de imaginación, sencillez y personalidad propia, Lamine Yamal no será recordado como el nuevo Messi, sino como el primer gran Lamine Yamal.

