La derrota de West Ham 2-0 ante Liverpool en la Premier League dejó como gran foco la expulsión de Lucas Paquetá y, sobre todo, su reacción posterior fuera de la cancha. El brasileño vio la roja por protestar de forma insistente al árbitro después de una primera amonestación por falta. Horas más tarde, utilizó sus redes sociales para publicar un duro mensaje en el que ligó su comportamiento al desgaste mental que arrastra desde hace casi dos años.
La jugada se produjo en la segunda mitad, cuando Paquetá fue amonestado por una entrada y respondió con reclamos airados al colegiado Darren England. Esa protesta le costó una segunda tarjeta amarilla casi inmediata y dejó a West Ham con diez hombres en pleno intento de remontada. El partido terminó con triunfo sólido de Liverpool y con el centrocampista abandonando el campo visiblemente alterado.
En su mensaje en inglés, el internacional brasileño criticó a comentaristas y autoridades que calificaron su conducta de forma despectiva y sostuvo que lleva dos años viendo su vida y su carrera condicionadas sin recibir apoyo psicológico por parte de la federación. Argumentó que una reacción como la del domingo no puede separarse del desgaste emocional que ha acumulado durante todo este tiempo. Cerró esa publicación reconociendo que no es perfecto y dejando entrever que se siente señalado.
Poco después publicó otro texto en portugués, donde profundizó en el impacto personal del caso. Afirmó que entiende que ahora se le quiera presentar como un villano y que le resulta difícil convivir con todo lo que se ha generado alrededor de su nombre y de su salud mental. Al mismo tiempo, dejó claro que la expulsión no tiene justificación y pidió disculpas a la afición y a sus compañeros por dejar al equipo en inferioridad.
Un fallo absolutorio en el amaño, pero con heridas abiertas
Las palabras de Paquetá no se entienden sin el contexto de la investigación por presunto amaño de apuestas que le abrió la FA en 2023. El organismo le acusaba de buscar deliberadamente tarjetas amarillas en cuatro partidos de Premier entre noviembre de 2022 y agosto de 2023, lo que le exponía incluso a una posible sanción de por vida si se demostraba su culpabilidad. Un comité regulador independiente terminó concluyendo en julio de 2025 que las acusaciones no habían quedado probadas y lo absolvió de los cargos principales.
Sin embargo, el brasileño no salió totalmente limpio del proceso. Fue declarado culpable de dos infracciones relacionadas con la falta de colaboración, al no responder en tiempo y forma a algunas solicitudes de información y documentación durante la investigación. Por ello recibió una reprimenda formal, una advertencia sobre su conducta futura y la obligación de abonar el 10 por ciento de los costes del procedimiento, mientras el resto quedaba a cargo de la FA.
El comité tuvo en cuenta varios factores atenuantes para imponer una sanción leve: la dependencia del jugador de los consejos de sus abogados, el hecho de que finalmente entregara sus dispositivos móviles y un testimonio detallando su relación con apostadores, además de un historial disciplinario limpio. También pesó el daño deportivo sufrido, en particular la caída de una operación muy avanzada con Manchester City en 2023, que habría supuesto un salto en su carrera. Ese traspaso quedó en suspenso desde que se conoció la investigación y nunca llegó a concretarse.
Todo este proceso ha tenido un efecto evidente en el presente de Paquetá. El propio jugador ha admitido recientemente que vivió con miedo e incertidumbre durante meses, pese a insistir en su inocencia en materia de amaños, y su último estallido se inscribe en esa línea de tensión acumulada. Ahora deberá cumplir una nueva sanción por su expulsión, al tiempo que en Inglaterra se reabre el debate sobre la protección de la salud mental de los futbolistas y sobre cómo gestionar la línea entre la comprensión del contexto personal y la obligación de mantener la disciplina en el campo.

