El Mundial 2026 aún está lejos en el calendario, pero para Mauricio Pochettino la cuenta regresiva ya empezó. El seleccionador de Estados Unidos analiza cada detalle del sorteo que colocó a su equipo en el Grupo D junto a Australia, Paraguay y el ganador de un repechaje europeo entre Turquía, Rumania, Kosovo y Eslovaquia. Su mensaje es claro para el vestuario y para el entorno, no habrá margen para pensar que se trata de un camino sencillo.
El técnico argentino recordó que ya enfrentaron a Australia y Paraguay en amistosos recientes, ambos con victorias estadounidenses por dos a uno, y que Turquía se impuso por ese mismo marcador en un amistoso previo a la Copa Oro. Aun así, evitó vender la idea de ventaja deportiva por ese conocimiento previo, habló de un escenario neutral en el que nadie parte con una carta ganadora. Pochettino insistió en que los amistosos se jugaron con contextos, presiones y necesidades muy distintos a lo que se vivirá en una Copa del Mundo organizada en casa.
El entrenador recalcó que las circunstancias cambiarán por completo en el Mundial, desde las listas de convocados hasta el estado de forma de los futbolistas. Recordó que en un año pueden aparecer nuevas figuras o perderse jugadores por lesiones y que todo ese entorno hará que los duelos frente a los mismos rivales sean partidos nuevos. Para Pochettino, tomar decisiones basadas solo en lo que ocurrió en esos amistosos sería un error de lectura.
La puesta en escena del sorteo en el Kennedy Center, con la presencia de leyendas como Ronaldo Nazário, Francesco Totti y Hristo Stoichkov, fue descrita por el técnico como un espectáculo llamativo y a la altura de una Copa del Mundo ampliada a 48 selecciones. Sin embargo, una vez definidos los grupos, el argentino cambió de chip de inmediato y puso el foco en la preparación mental de sus jugadores. Quiere que entiendan el peso de la oportunidad y la responsabilidad de competir como anfitriones ante el mundo.
La experiencia de 2002 como advertencia emocional para el vestuario
Pochettino suele recurrir a su pasado como jugador para transmitir mensajes profundos. Recordó que, tras disputar el Mundial 2002 con Argentina, regresó a casa con una sensación de vacío que definió como una depresión enorme, producto de haber cumplido el gran sueño de su infancia y sentir que quizá no tendría otra oportunidad similar. Hoy utiliza esa experiencia para subrayar a sus dirigidos que una Copa del Mundo no se parece a nada más en una carrera profesional.
Según el propio entrenador, el equipo puede trabajar en la parte física y en la táctica, pero nada de eso basta si el grupo no entiende la dimensión emocional del torneo. Pochettino quiere que sus jugadores sientan que este es el momento para dejarlo todo, que no habrá ensayos generales ni segundas oportunidades. La idea que intenta instalar es simple y contundente, Estados Unidos debe jugar cada partido con la intensidad de una final, desde el debut hasta donde los lleve el recorrido.
El cuerpo técnico, por ahora, evita proyectar escenarios lejanos en el cuadro de eliminación directa, más allá de alguna conversación informal sobre posibles cruces con potencias como Bélgica en fases posteriores. Pochettino mantiene la atención fijada en la fase de grupos y en el primer rival de la lista, con la convicción de que pensar demasiado en lo que podría venir después suele ser una trampa peligrosa. Para el entrenador, la única forma de construir una campaña sólida pasa por asumir que el siguiente encuentro siempre será el más importante.
En lo deportivo, el Grupo D ofrece retos muy distintos para la USMNT. Australia propone intensidad física y orden defensivo, Paraguay aporta oficio sudamericano y talento individual y el clasificado del repechaje europeo llegará con confianza tras sobrevivir a una ruta exigente. En medio de ese paisaje competitivo y con un país entero detrás, Pochettino busca que su equipo abrace la presión, asuma la responsabilidad y transforme la condición de anfitrión en la energía necesaria para convertir cada noche mundialista en una auténtica final.

