José Mourinho volvió al fútbol portugués tras más de dos décadas y lo hizo bajo los reflectores que siempre lo acompañan. El técnico de 62 años asumió el banquillo del Benfica la semana pasada, 21 años después de haber dejado el Porto para iniciar su aventura internacional en el Chelsea. Su regreso generó gran expectación, pero también polémica por sus declaraciones iniciales, que molestaron a la afición portista.
En su presentación, Mourinho calificó como “un honor tremendo” dirigir nuevamente al Benfica, asegurando que ningún otro club lo había motivado tanto como los lisboetas. Aquellas palabras fueron interpretadas en Oporto como un desaire, lo que encendió la rivalidad histórica entre ambos clubes. Consciente de la tensión, el entrenador quiso matizar el mensaje después de su estreno victorioso en liga, un 3-0 ante el AVS el sábado.
“No creo que Porto ni Sporting se molesten si digo que hablé con los presidentes André Villas-Boas y Frederico Varandas después de mi llegada al Benfica”, explicó. “Si tenemos buena relación y respeto mutuo, el hecho de estar aquí no significa que venga a hacer la guerra”.
Mourinho busca calmar las aguas con Porto
El entrenador portugués aclaró que su intención no es provocar a sus antiguos equipos, sino aprovechar la oportunidad de dirigir a un club con ambiciones de ganar títulos. “No vine a Benfica para molestar a Porto. Vine para disfrutar de esta posibilidad, para volver a entrenar a un club con aspiraciones altas. Al decir que Benfica es uno de los más grandes del mundo no estoy negando que Porto lo sea”, subrayó.
Incluso reafirmó el cariño por los dragones: “Si alguien me pregunta si Porto es un club gigante, diré que sí. Si me preguntan si tengo afecto especial por Porto, también diré que sí. FC Porto es una parte muy importante de mi historia, y yo también soy una parte importante de la historia de Porto”.
Mourinho ganó con los blanquiazules dos ligas, una Copa de Portugal, una Copa de la UEFA y la Champions League en apenas dos temporadas, logros que lo catapultaron a la élite del fútbol europeo. Esa huella explica por qué sus palabras fueron tomadas con tanta sensibilidad en Oporto.
El propio técnico admitió que espera un recibimiento hostil cuando visite el estadio do Dragão el próximo 5 de octubre, en un duelo que promete alta tensión. “No espero que me aplaudan. Cuando fui con el Chelsea tampoco me aplaudieron, mucho menos ahora que llego como entrenador del Benfica. Es parte de la vida”, reconoció.
El contraste de sentimientos quedó en evidencia en los últimos días. Mientras un sector de la afición de Porto lo insultó durante la victoria 3-0 contra Rio Ave, hace apenas una semana Mourinho había recibido una ovación en el mismo estadio al presenciar el triunfo 1-0 sobre Nacional.
Su regreso a Portugal reaviva viejas pasiones y rivalidades. Aunque insiste en que no vino a “hacer la guerra”, el calendario pronto pondrá a prueba esa afirmación en un clásico que promete ser uno de los partidos más calientes de la temporada.

