Robert Dante Siboldi no escondió su enojo tras la derrota de Mazatlán ante Chivas y apuntó al arbitraje como factor decisivo. Para el entrenador uruguayo, el duelo estaba parejo hasta que una decisión en el área cambió el guion y dejó a su equipo a contramano del resultado y de las sensaciones.
La acción llegó al minuto 29 cuando el árbitro Fernando Hernández sancionó penal por una falta de Facundo Almada sobre Armando González. Siboldi sostuvo que el contacto fue mínimo y que esa clase de roces no deberían castigarse en el área. Según su lectura, el equipo venía presionando alto y administrando la pelota hasta que el cobro abrió una grieta anímica que costó cerrar.
El técnico fue más allá al insinuar que el atacante rival buscó el choque y lo capitalizó. Habló de un rozón y de una intensidad que no ameritaba penal, y cuestionó que estas decisiones alteren la naturaleza del juego. En su visión, la balanza se inclina hacia un fútbol con menor margen para el cuerpo a cuerpo y con mayor castigo para contactos leves.
Pese al enojo, el entrenador se acercó al silbante para disculparse por el reclamo que le valió amarilla y pidió una explicación sobre lo observado en la jugada. Aun con esa charla, dijo no encontrar una falta cobrable y admitió que el golpe anímico afectó la ejecución del plan hasta el descanso.
El VAR y la lectura de la intensidad en cámara lenta
El uso del VAR también quedó bajo la lupa. Siboldi afirmó que la revisión en imágenes pausadas desvirtúa la velocidad real del juego y magnifica fricciones que en el ritmo del partido no parecen determinantes. Congelar el cuadro en el momento del toque, a su juicio, convierte un roce menor en infracción de área.
El uruguayo ironizó con que deberá entrenar a sus futbolistas para que miren a todos lados antes de despejar o rematar, casi como un ejercicio de vigilancia permanente. Su mensaje pretende dejar claro que, si se mantendrá el criterio actual, cualquier encuentro en el área puede transformarse en sanción y volatilizar un trabajo táctico bien encaminado.
Más allá de la polémica, el técnico reconoció que el equipo se vino abajo unos minutos y que recién en el complemento recuperó parte del control de la pelota. La autocrítica convivió con la inconformidad por el cobro, con la idea de que hay detalles propios por corregir para evitar quedar a merced de un fallo ajeno.
El cierre miró hacia adelante con un discurso de recuperación inmediata. Siboldi subrayó que el próximo compromiso es vital para sus aspiraciones y que toca resetear la cabeza, ajustar líneas y competir con temple. Entre la defensa del contacto y la protección del juego, el equipo necesita respuestas rápidas para que la discusión arbitral no tape lo esencial.

