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El escudo cambia pero el clásico sigue siendo el mismo

Fútbol

Cruzar la línea en el derbi vasco cuando el escudo cambia pero el clásico sigue siendo el mismo

Foto: @AthleticClub - X

Cruzar la línea en el derbi vasco cuando el escudo cambia pero el clásico sigue siendo el mismo

En casi todas las ligas hay rivalidades, pero muy pocas protegen tanto su identidad como la que une –y separa– a Real Sociedad y Athletic Club. En ese ecosistema de orgullo territorial, cantera propia y mirada al vecino, cambiar de bando es casi una herejía moderna. Por eso cada vez que un jugador cruza la A-8 futbolística queda marcado, como le sucedió a Álex Remiro en 2019, cuando tras quedar libre en Bilbao decidió firmar con la Real y hacerse dueño de la portería en Anoeta.

El caso del guardameta navarro explica bien el peso simbólico del movimiento. El Athletic lo había formado desde Lezama y llegó a perfilarlo como titular tras la salida de Kepa, pero la negociación de su renovación se enredó y el club lo apartó de la dinámica del primer equipo, como reconoció entonces Eduardo Berizzo. Remiro esperó, terminó contrato y eligió al rival, que llevaba tiempo rastreando un portero joven para competir con Miguel Ángel Moyá. Desde la temporada 2019/20 no ha soltado el puesto y, para más ironía, fue campeón de Copa con la Real… ante el Athletic.

Ese salto de acera no es nuevo, pero sí infrecuente. El episodio más sonado del siglo XXI sigue siendo el de Iñigo Martínez, central formado en Zubieta que en enero de 2018 fichó por el Athletic después de que en Ibaigane depositaran los 32 millones de su cláusula, operación que llegó horas después de vender a Laporte al Manchester City. La Real respondió con la famosa campaña de “ya es historia” para que los aficionados cambiaran sus camisetas, muestra de que en San Sebastián no se vio como un simple traspaso, sino como una fractura emocional. Incluso años después, cuando Iñigo se marchó al Barcelona, en Anoeta siguió siendo un nombre incómodo.

La nómina de futbolistas que han hecho ese camino incluye a Gorka Elustondo, a Iñigo Díaz de Cerio, a Xabier Castillo o, en los noventa, al caso paradigmático de Joseba Etxeberria, fichado por el Athletic siendo todavía una promesa de la Real y convertido luego en leyenda rojiblanca. Pero, como demuestra la necesidad de citarlos casi uno por uno, no es una ruta transitada: en tres décadas apenas se pueden contar con las manos los futbolistas que se han atrevido a llevar su talento de un lado al otro de la bahía.

Un derbi que tolera la rivalidad, no la deslealtad

La explicación está en el ADN compartido. Athletic y Real son clubes que basan su proyecto en la pertenencia, ya sea a través de la filosofía de formación y territorio de Bilbao o de la estructura de Zubieta y el talento guipuzcoano. Por eso cuando alguien cruza la línea, lo que se discute no es su nivel, sino su lealtad: se entiende que un jugador se vaya a la Premier o a un gigante estatal, pero no tanto que refuerce al vecino directo. El ambiente suele seguir siendo correcto –el derbi vasco es de los más civilizados de España–, pero alrededor del protagonista hay una capa de ruido que no se disuelve del todo.

El caso más curioso de los últimos años es el de Álex Petxarroman. Pasó once temporadas en la cantera de la Real, no debutó con el primer equipo y en 2021 el que le abrió la puerta de Primera fue el Athletic. Su estreno liguero fue, ironía mediante, en Anoeta y en un derbi, como lateral derecho de emergencia. Hoy juega en el FC Andorra, pero su historia ilustra bien que a veces el camino no es Real→Athletic o Athletic→Real, sino “casi Real”→Athletic, un matiz que en otras rivalidades pasaría desapercibido y que en Euskadi no lo hace.

Lo que distingue estos casos de otros cruces famosos de LaLiga es la escala local. Cuando un futbolista se mueve entre Madrid y Atlético suele hacerlo envuelto en grandes contratos y foco internacional; en el País Vasco, en cambio, los montos son más contenidos y pesa más el relato comunitario. Por eso la frase de Berizzo sobre Remiro (“mientras no se resuelva su situación, no estará en la plantilla”) o la decisión de la Real de facilitar el cambio de camisetas tras la salida de Iñigo tuvieron tanto eco: eran decisiones que hablaban de identidad antes que de táctica.

El derbi que se juega este fin de semana vuelve a poner sobre la mesa ese recuerdo. Cada vez que Remiro toque el balón en Anoeta ante el Athletic se activará una historia que empezó en Lezama y que encontró plenitud en Donostia. Cada vez que en Bilbao se mencione el nombre de Iñigo Martínez, se recordará que hubo un día en que el Athletic golpeó la mesa para no perder competitividad tras la salida de Laporte. Y cada vez que aparezca un canterano en Zubieta o en Lezama con proyección, la pregunta inevitable será si algún día se atreverá a cruzar.

Más allá del morbo, hay una conclusión periodística clara: que estos fichajes sean tan excepcionales es, precisamente, la mejor prueba de buena salud del derbi vasco. Significa que Real Sociedad y Athletic siguen teniendo modelos propios, que no necesitan pescar en la ría del otro para sostenerse y que, cuando lo hacen, el mercado entero lo nota. Y significa también que para los futbolistas formados en Euskadi, cambiar de escudo sigue siendo una decisión de vida, no solo de carrera.

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