La primera noche de Son Heung-min en los Playoffs de la MLS Cup 2025 presentó exactamente el tipo de relato que la liga imaginó cuando aprobó el traspaso récord de 26 millones de dólares desde el Tottenham: estadio lleno, cámaras asiáticas, rival obligado a ajustar y un partido que LAFC terminó ganando 2-1 a Austin FC en el BMO Stadium. No hizo gol, pero condicionó todo. Como dijeron en el vestuario angelino después del juego, “si Son está, algo tiene que pasar”.
La realidad es que el surcoreano aterrizó en una MLS distinta a la de hace tres o cuatro años, más globalizada y más consciente de que una sola figura puede abrir un mercado entero. Desde su llegada en agosto, LAFC duplicó audiencias en Corea del Sur y la liga cerró acuerdos de transmisión con Coupang Play y SPOTV específicamente para capitalizar su fichaje. Un mes después, Son ya había sido elegido para campañas comerciales del club y sus camisetas se agotaron en Los Ángeles. Su impacto es deportivo, pero también es negocio.
En la cancha, los números lo respaldan: 11 partidos oficiales entre fase regular y postemporada, 9 goles, 3 asistencias, un Gol del Año por un tiro libre en Dallas y un ‘hat-trick’ en septiembre ante Real Salt Lake. Pero quizá lo más llamativo no es la producción, sino la facilidad con la que la genera. LAFC no tuvo que redibujar su identidad: Son se incrustó entre líneas, liberó a Denis Bouanga y le dio metros al joven Nathan Ordaz, que aprovechó su servicio para anotar el gol del 2-1 frente a Austin. Eso es “gravedad ofensiva”, el concepto que los técnicos usan para explicar por qué ciertos jugadores dominan partidos sin tocarlos tanto.
La escena del miércoles fue el ejemplo perfecto: partido empatado, Austin creciendo, y en cuanto Son empezó a recibir de espaldas y a tirar diagonales hacia Bouanga, la defensa texana se desordenó. De ese pasillo nació la acción que terminó en el gol del salvadoreño Ordaz, su primero en Playoffs, un detalle que LAFC valora porque demuestra que la estrella no solo anota, también multiplica. “Trabajé duro, ayudé al equipo cuando entré, creando ocasiones”, dijo el joven atacante. Cuando una figura de 33 años eleva así a los veinteañeros, el proyecto tiene otra pinta.
Un fenómeno al estilo Hollywood
Lo que vive LAFC con Son se parece mucho a lo que vivió Inter Miami con Messi en 2023-24: más cámaras, más ruido internacional y rivales que preparan partidos específicos para una sola pieza. La diferencia es que Son llega con un físico más fresco y con una base asiática que la MLS llevaba años intentando convertir en audiencia estable. En Corea del Sur, según datos que compartió la liga al anunciar los acuerdos de septiembre, los partidos de LAFC pasaron a ser contenidos prioritarios por encima de otros deportes. Es decir, ese “efecto Son” ya no es una metáfora, es medible.
Tácticamente, su irrupción le resolvió al técnico angelino (que venía de meses irregulares tras la salida de Vela) la eterna pregunta de octubre: quién manda en el último tercio. Ahora la respuesta es sencilla: manda Son, a partir de ahí se ordenan Bouanga, los interiores y los laterales. Si los rivales le hacen caja con tres hombres, LAFC ataca el lado débil; si lo dejan recibir perfilado, él mismo acelera y finaliza. Austin probó las dos fórmulas y en ambas acabó corriendo hacia su área. En una llave al mejor de tres partidos, eso te obliga a gastar más energía de la prevista.
Hay también un componente de liderazgo silencioso. Desde su presentación, Son dijo que venía a “ganar y a ayudar a los jóvenes”, y en dos meses ya tiene una dinámica de vestuario con Bouanga y con los canteranos que el cuerpo técnico considera valiosa. No es un fichaje de retiro: viene de ganar la Europa League 2025 con el Tottenham y de cerrar la Premier como uno de los máximos goleadores del club, así que su estándar competitivo sigue siendo europeo. Esa mezcla de sonrisa pública y exigencia privada explica por qué en LAFC hablan de él como de un “recurso deportivo y emocional a la vez”.
La gran pregunta ahora es cuánto podrá sostener ese nivel cuando la serie viaje a Austin este domingo 2 de noviembre, en un ambiente menos hollywoodense y más hostil. Pero incluso ahí, la ecuación es la misma: si Son está en el césped, el rival tiene que sacar una pizarra distinta y la MLS tiene un producto más vendible. Esa, al final, es la definición del impacto de una estrella en esta liga.

