La República de Irlanda rozó el abismo y terminó en éxtasis en Budapest. Perdía 2-1 ante Hungría en la recta final, pero un hat-trick de Troy Parrott, coronado con el 3-2 en el 95, selló una remontada histórica en el Grupo F de las eliminatorias europeas rumbo al Mundial 2026. El triunfo asegura a los irlandeses la segunda plaza y un lugar en el repechaje, mientras que deja a los magiares fuera de la lucha por la Copa del Mundo.
El contexto no podía ser más dramático. Tres selecciones se jugaban los dos primeros puestos del grupo en la última jornada y Irlanda estaba obligada a ganar en el Puskás Aréna después de haber sorprendido días antes a Portugal con una victoria que reactivó sus opciones. Con el empate, la selección verde se quedaba fuera, de modo que el gol en tiempo añadido cambió por completo el destino de la tabla.
Hungría golpeó primero muy pronto, aprovechando el empuje de su público. Un centro tras jugada de estrategia permitió a Daniel Lukacs adelantar a los locales en apenas cuatro minutos y confirmar un arranque dominador de los de Marco Rossi. Irlanda se sostuvo en el partido y encontró el 1-1 desde el punto de penalti, transformado por Parrott después de una falta dentro del área sobre Chiedozie Ogbene.
El alivio visitante duró poco. Antes del descanso, Barnabás Varga controló un centro desde la izquierda y conectó un zurdazo imparable que devolvió la ventaja a los húngaros y encendió de nuevo el estadio. Irlanda llegó al vestuario por detrás en el marcador, consciente de que necesitaba al menos dos goles más para mantener viva la ruta hacia Norteamérica.
El hat-trick que cambia el destino de Irlanda
El segundo tiempo comenzó con otro golpe para los de Heimir Hallgrímsson. Ogbene, uno de los jugadores más desequilibrantes del equipo, sintió un problema muscular y tuvo que ser sustituido, lo que obligó a reorganizar el ataque. El recién ingresado Adam Idah llegó a marcar con una vaselina de calidad, pero su tanto fue anulado por fuera de juego y la sensación de frustración creció en el lado visitante.
Con el reloj acercándose al minuto ochenta, Irlanda adelantó líneas y asumió todos los riesgos. En una de esas acometidas, Parrott aprovechó un balón filtrado para picar la pelota por encima del portero Dénes Dibusz y firmar el 2-2 que devolvía la esperanza. A partir de ahí, el duelo se convirtió en un monólogo irlandés frente a una Hungría cada vez más hundida físicamente y atenazada por los nervios.
El desenlace llegó ya en el sexto minuto de añadido. Tras una jugada prolongada dentro del área, un rechace quedó suelto y Parrott apareció de nuevo para empujar el balón desde corta distancia y completar su hat-trick, con los jugadores húngaros desplomados en el césped. La grada visitante estalló en una celebración que mezcló alivio, incredulidad y la certeza de haber presenciado una de las noches más memorables del fútbol irlandés reciente.
En el plano colectivo, Irlanda transforma una fase de grupos que parecía destinada al fracaso en una oportunidad real de alcanzar el Mundial 2026 a través del repechaje. Hungría, que llegaba a la jornada final con opciones de clasificación y con un estadio volcado, se queda ahora con la amargura de ver cómo se escapa el objetivo en la última jugada. El camino de los irlandeses todavía tendrá obstáculos, pero el 3-2 en Budapest se recordará como la noche en que un delantero que muchos consideraban secundario asumió el papel de héroe y mantuvo vivo el sueño mundialista.

