El Mundial 2026 marcará un punto de quiebre en la historia de la Copa del Mundo. Por primera vez competirán 48 selecciones, repartidas en 12 grupos de cuatro, con sede en Estados Unidos, México y Canadá. El salto desde las 32 participantes, formato vigente entre Francia 1998 y Qatar 2022, confirma una tendencia de que el torneo se expande al ritmo del propio futbol. Detrás del nuevo diseño hay razones deportivas, políticas, económicas y también dudas sobre el impacto en la calidad del espectáculo.
El viaje comenzó en Uruguay 1930, con apenas 13 selecciones, en un mundo donde los viajes intercontinentales eran largos, costosos y complicados. En Italia 1934 el torneo subió a 16 participantes, cifra que se mantuvo en Francia 1938, aunque las renuncias de última hora dejaron el cuadro final en 15 equipos. La Segunda Guerra Mundial interrumpió el torneo y la Copa del Mundo reapareció recién en Brasil 1950, otra vez con 13 selecciones, en un formato atípico marcado por la reconstrucción global.
A partir de Suiza 1954, el Mundial encontró su primera estabilidad moderna con una fase final fija de 16 equipos, sistema que se mantuvo hasta Argentina 1978. Durante esas seis ediciones, el protagonismo fue casi exclusivo de Europa y Sudamérica, mientras África, Asia y Norteamérica tenían muy pocas plazas y escaso margen para competir en igualdad de condiciones. Era un torneo más compacto, pero también menos representativo del mapa real del futbol mundial.
El siguiente gran salto llegó con España 1982, cuando la FIFA elevó la cifra a 24 selecciones. El formato se utilizó en cuatro ediciones consecutivas, hasta Estados Unidos 1994, y permitió la entrada de más equipos de África, Asia y la entonces emergente Concacaf. Ese cambio abrió la puerta a historias inesperadas, como las campañas de Camerún 1990 o Bulgaria 1994, que ayudaron a demostrar que el talento ya no era patrimonio exclusivo de las potencias tradicionales.
Un torneo cada vez más global
La expansión a 32 equipos en Francia 1998 consolidó al Mundial como el gran escaparate del planeta futbol. Con ocho grupos de cuatro selecciones, el formato ofreció equilibrio competitivo, un calendario reconocible y una fase final clara desde los octavos de final. Durante siete ediciones seguidas, hasta Qatar 2022, el modelo fue considerado por muchos directivos y entrenadores como el punto óptimo entre calidad, diversidad de estilos y organización.
Rumbo a 2026, la FIFA apuesta por un Mundial de 48 selecciones, con 12 grupos de cuatro y un nuevo camino hacia la fase eliminatoria: avanzarán los dos primeros de cada grupo, más los ocho mejores terceros, para conformar un round de 32. Eso elevará el total de partidos de 64 a 104, y los equipos que lleguen hasta las semifinales disputarán ocho encuentros en poco más de un mes. La propia FIFA defiende la expansión como una forma de dar acceso a más países, aumentar la audiencia global y reforzar el legado del torneo en regiones donde el futbol sigue creciendo.
La otra cara de la moneda son las dudas que genera esta ampliación. Federaciones, clubes y especialistas advierten sobre el calendario saturado, el desgaste físico de los jugadores y el riesgo de que la fase de grupos incluya partidos con menor nivel competitivo. Además, la dimensión geográfica del Mundial 2026, repartido entre tres países y 16 sedes, obligará a una logística milimétrica para mitigar los largos viajes y las diferencias climáticas entre ciudades.
Incluso el propio formato tuvo que corregirse sobre la marcha: la idea original de 16 grupos de tres equipos fue descartada para evitar sospechas de arreglos en las últimas jornadas y asegurar que todos jueguen al menos tres partidos. Mirando más allá, se ha reportado que la FIFA estudia, al menos sobre la mesa, una posible expansión puntual a 64 selecciones para el Mundial 2030, el del centenario. Sea cual sea el techo final, la tendencia es clara: el número de participantes crece, pero la esencia sigue siendo la misma, coronar al mejor del mundo en un torneo que ya desbordó cualquier frontera.

