Fabio Capello volvió a encender el fútbol mundial con una lista que parece inocente y termina siendo dinamita: su podio de los mejores de la historia lo integran Pelé, Diego Armando Maradona y Lionel Messi. Al ser consultado por Cristiano Ronaldo, el italiano fue tajante: lo elogió como gran futbolista, pero “no de ese nivel”. La frase detonó un torbellino de reacciones, evidenciando —una vez más— que el trono del GOAT es tanto una cuestión de números como de sensibilidad futbolística y memoria generacional.
Capello justificó su elección mirando hacia las cumbres más altas del juego: los grandes títulos que explican hegemonías. Pelé, único tricampeón del mundo (1958, 1962 y 1970), definió el arquetipo del rey global; Maradona inmortalizó 1986 con la obra más influyente de un futbolista en un Mundial; y Messi completó la vuelta al reloj con Qatar 2022, cerrando un círculo de genialidad sostenida que ya había elevado en el FC Barcelona con registros inimitables. Para Capello, esos picos —mundiales, balones de oro, noches icónicas— pesan más que cualquier otra métrica.
La exclusión de Cristiano, naturalmente, no pasa desapercibida. El portugués es el máximo goleador histórico de la Champions, ha extendido su prime a territorios donde casi nadie ha llegado y es símbolo de una era de profesionalismo extremo. Pero Capello —fino lector del juego— parece privilegiar el impacto total de una figura sobre el deporte por encima de la acumulación de cifras: la capacidad de torcer partidos y torneos, de cambiar inercias, de imponer una estética que sobreviva a los contextos tácticos.
Para entender el alcance de su sentencia conviene recordar quién habla. Capello, nacido en 1946, fue centrocampista de la vieja escuela y vistió SPAL, Roma, Juventus y AC Milan entre 1964 y 1980, con cuatro Scudetti y dos Coppa Italia. Como entrenador, dejó una huella mucho más profunda: moldeó al Milan campeón de Europa en 1994, conquistó ligas en Italia y España —incluidas dos con el Real Madrid— y dirigió a Inglaterra y Rusia en Copas del Mundo. Su currículo autoriza una mirada transversal que abarca estilos, eras y contextos de competencia.
Otro matiz de su lista es el lugar reservado a Ronaldo Nazário. Capello lo ubica “más atrás”, pero su sola mención confirma que el brasileño representa el puente entre el talento descomunal y el fútbol contemporáneo de alta intensidad: potencia, técnica en velocidad y una manera de atacar los espacios que redefinió a los ‘9’. En ese espejo, la comparación con Cristiano se vuelve inevitable: ¿qué pesa más, la exuberancia técnica y la mística mundialista o la longevidad competitiva que desafía a la estadística?
Messi, clave en el razonamiento de Capello, conjuga méritos que dialogan con las tres grandes coordenadas del fútbol: club, selección e influencia cultural. En Barcelona, reescribió el manual del juego asociativo con cifras siderales; con Argentina, transformó su relato competitivo con la Copa América 2021 y el Mundial 2022; y en el plano simbólico, instaló un estándar estético que contagia a generaciones. Ese “todo” es, para Capello, el criterio que separa a los elegidos del resto.
El criterio detrás del podio: Mundial, legado y la vara de lo irrepetible
El peso del Mundial —explícito en Pelé y Maradona, y descomunal en Messi— actúa como filtro supremo en el juicio del italiano. No es una descalificación de Cristiano, sino la elección de una escala: Capello ordena el mapa desde el torneo donde la historia se escribe con tinta indeleble y donde el margen de error es mínimo. Allí se explica, también, por qué su lista suena a canon: campeonatos que definieron eras y jugadores que modificaron la manera de jugar y mirar el fútbol.
La discusión, sin embargo, no termina en el podio. La nueva generación —Mbappé a la cabeza, con Haaland y Bellingham como escoltas— empuja desde el rendimiento y la narrativa. Capello, formado en la liturgia del partido único y la autoridad del ‘10’, mira con fascinación y cautela a estos talentos, conscientes de que la grandeza no se decreta: se acumula. El tiempo dirá si alguno reclama un sitio al lado de los intocables.
¿Fue injusto con Cristiano? La pregunta se repite como un eco. Capello eligió el vértice donde el genio se encuentra con el mito: Pelé por la invención del rey, Maradona por la epopeya, Messi por la obra total. Su argumento puede no convencer a todos, pero sí invita a ajustar los prismas: el GOAT no es una sola respuesta, sino un diálogo permanente entre contexto, hazañas y estética. Y ahí está la gracia: el debate seguirá vivo mientras el fútbol siga produciendo noches para el recuerdo.
En última instancia, la lista dice tanto de Capello como de los elegidos. El italiano, que ganó con ideas, disciplina y jerarquías, se mantiene fiel a un credo: la excelencia se mide en hitos que marcan generaciones. Su podio no clausura la conversación; la ordena. Y, de paso, recuerda por qué amamos discutir de fútbol: porque entre el dato y la emoción, cada quien arma su propia eternidad.

