Uruguay abrió su gira asiática con un triunfo corto pero útil: 1-0 sobre República Dominicana en el imponente Bukit Jalil de Kuala Lumpur. El gol lo firmó Ignacio Laquintana al 60’, en una noche de ajustes, pruebas y varias primeras veces que dejaron material para el análisis del cuerpo técnico. Más allá del marcador, la Celeste dominó los tramos largos del juego, aunque le costó transformar posesión en remates limpios hasta que un desborde por derecha rompió el cerrojo.
El contexto importaba: Marcelo Bielsa decidió reservar a varias de sus figuras más utilizadas en clubes europeos y viajó con una nómina corta para observar respuestas en nuevos roles. Sin Valverde, Araújo, Darwin Núñez o De Arrascaeta, el plan pasó por sostener la presión tras pérdida y atacar con amplitud, dándole vuelo a los extremos y profundidad a los laterales. El rival, ordenado y agresivo en duelos, se replegó bajo y buscó sorprender en transición.
La primera mitad dejó la foto de un Uruguay paciente: circulación a dos toques para atraer y soltar, interiores que pisaban el área y un par de avisos a balón parado. República Dominicana respondió con líneas juntas, cerrando pasillos interiores y obligando a la Celeste a insistir por fuera. Cuando el ritmo bajó, el partido pidió cambio de marcha desde el banco y ajustes en la altura de los laterales.
El golpe ganador llegó tras el descanso. Un ataque vertical encontró mal perfilada a la última línea caribeña y Laquintana apareció al espacio para cruzar su definición y firmar el 1-0. Con ventaja, Uruguay administró mejor los tiempos, empujó al rival lejos de su arco y cerró la noche sin sobresaltos, aunque la sensación fue que el resultado pudo haberse estirado con un punto más de finura en el último pase.
Debuts, rodaje y libreta de apuntes para Bielsa
Además del tanto, el amistoso dejó nombres propios: varios futbolistas se estrenaron con la absoluta y cumplieron, moviéndose con naturalidad en la estructura. El ritmo competitivo no decayó con los cambios y el equipo conservó orden en la presión dirigida, uno de los mandamientos del técnico argentino. Para el grupo, sumar minutos en un estadio repleto y en clima húmedo también agregó experiencia de valor.
Desde la pizarra, Uruguay alternó un 4-3-3 de base con alturas agresivas de los extremos y un mediocentro anclando por detrás de los interiores. La recuperación tras pérdida funcionó como disparador del ataque posicional, pero cuando el rival ensanchó la línea de cinco, la Celeste necesitó más rupturas a espaldas del lateral del lado débil. La jugada del gol, precisamente, nació de esa lectura: amplitud, cambio de orientación y ruptura.
República Dominicana dejó buena impresión defensiva: compacta, solidaria y con criterio para estirar ataques cuando recuperó alto. Le faltó, eso sí, presencia en el último tercio para exigir más a la zaga uruguaya y convertir su disciplina en ocasiones claras. En cualquier caso, el ensayo sirve como referencia ante un adversario de jerarquía mundialista.
El saldo general para Uruguay es positivo: victoria, arco en cero, variantes probadas y confianza para el siguiente compromiso de la ventana asiática. La conclusión más valiosa quizá sea que la competencia interna empuja: con titulares descansando, los emergentes respondieron. Quedará para el laboratorio ajustar la eficacia en el área rival y pulir automatismos, pero el camino luce alineado con la idea madre del proyecto.

