Croacia dio otro paso firme rumbo al Mundial tras vencer 3-0 a Gibraltar y mantener su invicto en las Eliminatorias. El equipo dirigido por Zlatko Dalić no solo domina el Grupo L con autoridad, sino que refleja el sello de siempre: orden, carácter y la huella imborrable de Luka Modric.
Aunque el capitán no estuvo en el once inicial, ingreso de cambio y fue clave. La selección croata conserva su estilo pausado, técnico y maduro, moldeado durante años bajo el liderazgo del mediocampista del Real Madrid. Cada joven que entra al campo parece entender que Modric es la brújula que guía esta generación.
Los goles de Toni Fruk, Luka Sučić y Martin Erlić aseguraron una victoria cómoda que mantiene a Croacia en lo más alto de la tabla, con 16 puntos en seis partidos y sin conocer la derrota. La defensa sigue sólida, el mediocampo controla los tiempos y el ataque responde cuando debe.
Con Modric como símbolo, la selección ha logrado combinar experiencia y juventud sin perder identidad. Jugadores como Majer, Kovačić y Baturina crecen a la sombra del capitán, absorbiendo la mentalidad que llevó a Croacia a una final y a un tercer lugar mundialista en menos de una década.
Modric, el alma de una generación dorada
A sus 40 años, Modric se encamina hacia lo que probablemente será su última cita mundialista. Pero lejos de alejarse del protagonismo, el mediocampista sigue siendo el corazón del grupo. Su sola presencia impone respeto y mantiene viva una cultura de esfuerzo que ha hecho de Croacia una potencia competitiva.
Su legado trasciende los números. Modric inspira a cada compañero, marca el ritmo en los entrenamientos y define la actitud dentro del vestuario. Para las jóvenes promesas croatas, vestir la camiseta nacional es también rendir homenaje al capitán que cambió la historia del fútbol del país.
Con la clasificación casi asegurada, Croacia mira al futuro con la serenidad de quien confía en su camino. Cada punto conseguido refleja un proyecto que, con Modric al mando moral, no teme a los desafíos ni a la presión. El país balcánico ya sueña con despedir a su ídolo en el escenario más grande del mundo. Y si algo ha demostrado Luka Modric, es que su fútbol no envejece, solo se transforma en sabiduría.
Croacia avanza invicta, sólida y con la misma esencia que la llevó a conquistar el corazón de millones: la de un pequeño país guiado por un gigante con el balón.
Modric no solo representa experiencia, también simboliza resistencia. Su historia, desde los campos devastados por la guerra hasta los estadios más prestigiosos del planeta, inspira a toda una nación. Cada partido con Croacia se siente como una página más de una leyenda que sigue escribiéndose con elegancia, sacrificio y una pasión inquebrantable por su selección.

