La Copa del Mundo 2026 se perfila como un torneo de contrastes entre su promesa de expansión y el costo real para el aficionado. A la conversación ya instalada sobre precios de boletos y gastos de viaje en un Mundial repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, se sumó un giro que tocó un símbolo tradicional del ambiente mundialista, las Fan Zones.
En la sede de Nueva York Nueva Jersey, el comité anfitrión comenzó a vender entradas para al menos uno de sus espacios oficiales de convivencia, una señal de que el acceso a estas áreas podría dejar de ser universal. En los listados y anuncios locales aparecen costos de entrada por día para el FIFA Fan Festival en Liberty State Park, con una cifra que ha circulado alrededor de 12.50 dólares.
El punto de fricción es claro porque durante años estos festivales funcionaron como la alternativa más accesible para quienes no tenían boleto al estadio, con pantallas gigantes, música y venta de alimentos. La posibilidad de cobrar por ingresar reabre el debate sobre quién puede vivir la experiencia completa y quién queda relegado a seguir los partidos desde casa, en especial cuando el torneo aspira a ser el más grande por número de selecciones y partidos.
La FIFA no ha difundido un anuncio global que establezca una política única para todas las sedes, por lo que de momento el tema se mueve por confirmaciones locales y planes de operación. La propia estructura del Mundial 2026, con comités anfitriones y socios de producción en cada ciudad, abre la puerta a modelos distintos según costos, permisos, seguridad y acuerdos comerciales, un terreno donde el aficionado suele quedar al final de la fila.
El cobro como nueva frontera del negocio alrededor del Mundial
En el caso de Queens, el comité anfitrión también promociona el Fan Zone Queens en el USTA Billie Jean King National Tennis Center, con una ventana de actividades durante el torneo y venta anticipada de boletos en su plataforma. La sede plantea una experiencia de entretenimiento y convivencia que busca atraer tanto a turistas como a comunidades locales, bajo una lógica más cercana a un evento producido que a una plaza pública abierta.
Este movimiento encaja con una tendencia creciente en el futbol de élite, la monetización del entorno del partido, no solo el asiento dentro del estadio. Los grandes eventos han convertido la experiencia paralela en un producto en sí mismo, con controles de acceso, activaciones de marca y paquetes de consumo, y ahora el Mundial parece avanzar en esa dirección dentro del mercado norteamericano.
El debate se amplifica por el clima general alrededor de los precios para 2026, donde la demanda ha sido masiva y las organizaciones de aficionados han presionado por opciones realmente asequibles. En días recientes, la FIFA anunció un nuevo nivel de boletos de 60 dólares destinado a hinchas de selecciones participantes, un intento por responder a críticas sobre accesibilidad, aunque el alcance de ese ajuste es limitado frente al universo total de entradas.
La pregunta que queda abierta es si el cobro en Fan Zones será un caso puntual de la región de Nueva York Nueva Jersey o el inicio de un modelo que se replique en otras ciudades sede. Si el pago por acceso se vuelve norma, el impacto será más cultural que logístico porque se tocaría una de las piezas más democráticas del Mundial, el lugar donde el aficionado sin boleto podía sentirse parte del torneo. En un evento que ya exige planeación financiera de largo aliento, la discusión apenas comienza y podría crecer conforme cada sede revele su propio plan de Fan Festival.

