Japón y Paraguay firmaron un amistoso intenso y útil rumbo a 2026 que terminó 2-2 en el Panasonic Stadium Suita, con Ayase Ueda igualando al 90+4’ para los Samurai Blue. La Albirroja había golpeado primero con Miguel Almirón (20’) y volvió a adelantarse con Diego Gómez (64’), pero el equipo de Hajime Moriyasu —que había nivelado antes con Koki Ogawa (26’)— empujó hasta la última pelota para evitar la derrota ante 34,169 aficionados. El marcador reflejó dos planes claros: la presión coordinada y el juego entre líneas de Japón frente a la escalera de transiciones verticales del conjunto de Gustavo Alfaro.
El primer tiempo se movió al compás de los extremos. Paraguay encontró a Almirón perfilado a pie cambiado para acelerar por dentro y castigar un desacople japonés en la frontal. Japón respondió rápido: Ogawa atacó el primer palo tras una circulación por derecha que desordenó la zaga guaraní. Ese intercambio dejó una lectura: cuando la presión de Japón no llegó a tiempo, Paraguay dañó con pocos toques; cuando el bloque de Alfaro se hundió demasiado, los mediapuntas nipones —con Kubo y Minamino apareciendo entre líneas— pudieron girar y progresar.
Tras el descanso, Alfaro ajustó alturas y su equipo volvió a morder arriba. El 1-2 nació de una segunda jugada: Paraguay cargó el área, ganó el primer duelo y Gómez, con olfato de llegador, definió para devolver ventaja. Moriyasu movió el banquillo, empujó a sus laterales y cerró el partido con doble ‘9’ de área. Ese asedio final —centros tensos, recuperación alta inmediata y balones a la espalda del lateral— desembocó en el 2-2 de Ueda en el descuento, premio a la insistencia local y pequeño tirón de orejas a la gestión paraguaya de los últimos minutos.
Más allá del resultado, el amistoso entregó señales de utilidad. Japón, que venía de altibajos en recientes pruebas, reafirmó que dispone de múltiples caminos al gol y que su capacidad para sostener ritmos altos depende de la sincronía entre Wataru Endo y los interiores para tapar pérdidas. Paraguay, ya clasificado a la Copa del Mundo tras un sólido cierre de Eliminatorias con Alfaro, mostró colmillo para golpear en momentos clave, pero dejó escapar un triunfo por detalles de concentración y manejo emocional en la recta final.
Moriyasu valora la respuesta anímica; Alfaro, apuntes para el cierre de partidos
Hajime Moriyasu subrayó la reacción del equipo y el carácter de sus atacantes para rescatar el resultado a última hora, lectura que encaja con su plan de un Japón proactivo y con varios finalizadores aptos para rotar posiciones. El seleccionador también recupera confianza en perfiles como Ogawa y Ueda, ambos efectivos dentro del área y útiles para partidos cerrados.
En la orilla opuesta, el cuerpo técnico de Paraguay se lleva apuntes valiosos: con Almirón y Gómez en buen tono, la Albirroja produce ocasiones con poco, pero necesita cerrar mejor los encuentros cuando se ve sometida. La estructura 4-2-3-1 de Alfaro funciona para morder y correr, aunque requiere una última capa de oficio para “congelar” los minutos finales frente a selecciones que cargan con cinco y hasta seis hombres. El amistoso en Osaka refuerza que Paraguay llega al ciclo final previo a 2026 con identidad, pero todavía con áreas por pulir en la administración de ventajas.
Tácticamente, el cruce dejó un tablero nítido. Japón alternó presión media con saltos agresivos sobre el poseedor, liberando al extremo del lado débil para el cambio de orientación; cuando esa basculación fue lenta, Paraguay castigó. Los sudamericanos, por su parte, rindieron mejor cada vez que robaron alto o cuando hallaron a su enganche entre líneas para lanzar a los puntas al espacio. En estático, les faltó un poco más de pausa para juntar pases y respirar. Detalle no menor: la pelota parada de ambos equipos generó segundas jugadas peligrosas, una alerta que el videoanálisis reforzará.
El saldo final es de empate con sabor a aprendizaje para ambos. Japón refuerza profundidad ofensiva y carácter competitivo; Paraguay confirma su pegada y detecta el talón de Aquiles del cierre. En una ventana de amistosos pensada para ajustar tuercas antes de la gran cita, el 2-2 en Osaka entregó justo eso: respuestas, preguntas y materia prima para mejorar. La próxima vez que se crucen, cada detalle —desde una cobertura a tiempo hasta una falta táctica— puede decantar un partido que hoy fue de ida y vuelta y que mañana podría ser de eliminación directa.

