Cuando el reportero Manuel R. Medina aterrizó en el Golfo para cubrir la Copa Árabe 2025, imaginaba un torneo dominado por el árabe y, en menor medida, por el inglés. La sorpresa le llegó pronto en los pasillos del centro de acreditaciones, en los mostradores de prensa y en los controles de seguridad, el español sonaba con una naturalidad inesperada. En un certamen que reúne a 16 selecciones de la esfera panárabe, la lengua de Latinoamérica y España se ha convertido en un acompañante constante de la competencia.
En el edificio de acreditaciones de FIFA, varios voluntarios se dirigían a los periodistas en español, algo pensado también para el flujo de aficionados que llegarán en diciembre por la Copa Intercontinental, donde participará Cruz Azul frente a Flamengo en el llamado Derby de las Américas. Entre trámites, correos y revisiones de gafetes, era habitual escuchar instrucciones en tres idiomas: árabe, inglés y español. Para quienes venían desde México u otros países latinoamericanos, ese detalle redujo de inmediato la barrera cultural.

La presencia hispana se hizo aún más visible en el Estadio Internacional Khalifa, durante el duelo entre Catar y Siria. En los banquillos aparecían dos entrenadores españoles: Julen Lopetegui al frente del equipo local y José Lana dirigiendo a los sirios. El choque, clave para enderezar el rumbo de ambos combinados después de los primeros resultados del torneo, se jugó con instrucciones y matices tácticos gestados en escuelas futbolísticas de Bilbao y Asturias.
Días antes, la huella latina también se había hecho notar con el debut en la Copa Árabe de Emilio Saba, lateral derecho nacido en Lima que recientemente decidió representar a Palestina. El defensor, que acumula más de 90 partidos en la primera división peruana, encarna la mezcla de raíces que caracteriza al futbol globalizado: formación sudamericana, ascendencia palestina y estreno oficial en un torneo organizado por la FIFA en Catar. Su caso no es aislado, pero sí refleja cómo el talento hispano se dispersa y encuentra nuevos escenarios.
La huella latina de árbitros, música y tribunas va más allá del césped
En el propio Catar vs. Siria, la cuota hispana no se quedó en los banquillos. El árbitro principal fue el guatemalteco Mario Escobar, acompañado en las bandas por sus compatriotas Luis Ventura y Humberto Panjoj, todos ellos integrantes de la nómina de árbitros designados para la Copa Árabe. Desde la banda técnica, el chileno Cristian Garay fungía como cuarto oficial, mientras que el uruguayo Antonio García asumía las tareas en la cabina del videoarbitraje.
En la cancha y en los pasillos del estadio, el español se escuchaba en conversaciones rápidas entre árbitros, asistentes y miembros de los cuerpos técnicos. Para los reporteros latinoamericanos, esa coincidencia de idioma facilitaba entrevistas improvisadas y aclaraciones sobre jugadas dudosas. El idioma compartido ayudaba a romper la frialdad habitual entre árbitros y prensa, sin alterar la distancia profesional que exige el reglamento.

La atmósfera se completó con la presencia de la música latina en las bocinas del Khalifa. Entre pausas y animaciones, sonaban temas de Shakira y Pitbull, que hacían bailar a buena parte de los más de 40 mil asistentes, incluidos hombres con dishdasha y mujeres con abaya y hiyab. Resultaba llamativo ver a grupos de aficionados cataríes tararear fragmentos en inglés y corear estribillos que, años atrás, parecían lejanos a la realidad del Golfo Pérsico.
Al final del encuentro, este reportero conversó con los aficionados locales Ali Jaidah y Fátima Kaabi, quienes explicaron en inglés que la música latina forma parte del paisaje cotidiano en Doha. Señalaron que se escucha en clubes nocturnos, restaurantes y hasta en una emisora de radio en español, pensada para residentes e invitados hispanohablantes. Sus palabras confirmaban que la influencia cultural de Latinoamérica y España no se limita a los noventa minutos.

