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Gianni Infantino dice que habria mundial invernal

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Arabia 2034 empuja cambios: Mundial en invierno y nuevas ventanas internacionales

Foto: @gianni_infantino - IG

Arabia 2034 empuja cambios: Mundial en invierno y nuevas ventanas internacionales

Gianni Infantino volvió a sacudir el tablero del fútbol internacional. Con Arabia Saudita perfilada para organizar el Mundial de 2034 y temperaturas veraniegas que rozan los 39 °C, el presidente de la FIFA insinuó ajustes profundos en el calendario para permitir que la Copa del Mundo se dispute en invierno. Diciembre —con promedios cercanos a los 22 °C— aparece como la ventana natural, replicando el precedente de Qatar 2022, que obligó a reprogramar a medio planeta, pero que garantizó condiciones más saludables para futbolistas y aficionados.

La idea no se limita a un torneo. Infantino, ante los clubes europeos reunidos en Roma, habló de “una reflexión más amplia” que reordene tiempos y prioridades. Si el Mundial se mueve, todo se mueve: desde las liberaciones de jugadores hasta la estructura de competiciones de clubes y selecciones. En la práctica, varias ligas podrían alargarse hasta junio —y no cortar a mediados de mayo— para absorber el nuevo dibujo del calendario y evitar congestiones de partidos en tramos críticos de la temporada.

El dirigente también deslizó un debate casi herético para el ecosistema europeo: “junio es el mejor mes para jugar al fútbol y apenas se aprovecha”. Es un golpe directo a la tradición de parón estival y a un negocio que reserva ese mes a pretemporadas mediáticas, giras y ventanas de fichajes. En paralelo, Infantino admitió que la homogeneización global es inviable: diciembre es impracticable en algunas regiones por frío extremo y julio lo es en otras por calor; por eso, marzo u octubre emergen como meses más “universales” para alinear ventanas competitivas.

El precedente de Qatar sirve de mapa y de advertencia. Aquel Mundial comprimió calendarios, adelantó inicios ligueros, estiró cierres, tensó músculos y agendas… pero funcionó en términos de temperatura, bienestar y espectáculo. El reto ahora es hacer de la excepción una regla sin romper el delicado ecosistema que une a FIFA, confederaciones, ligas, federaciones, clubes, futbolistas y televisiones. Se trata, en definitiva, de pasar de soluciones coyunturales a una arquitectura estable que reparta mejor las cargas.

Mundial 2026: 19 selecciones con boleto y la carrera por las últimas plazas

Mientras se discute el futuro, el presente corre. El Mundial 2026, con sede en Estados Unidos, México y Canadá, ya tiene 19 selecciones clasificadas. Japón fue la primera no anfitriona en asegurar su presencia y, con la eliminatoria sudamericana concluida, Argentina —vigente campeona— y Brasil —el más laureado de la historia— también sellaron su billete. Europa, en tanto, apunta a nutrir el contingente con varias potencias que mantienen paso perfecto: Inglaterra, Portugal, España y Francia apuntan a cruzar el Atlántico el próximo verano si sostienen su inercia.

La última en subirse al tren fue Argelia, que aseguró su pasaje el jueves, confirmando el repunte del fútbol africano en un formato ampliado que promete repartir oportunidades y sorpresas. Con 48 participantes, el margen de error se reduce para las selecciones de segunda línea: clasificación más cerca, pero también más competencia por los cupos remanentes. La FIFA, por su parte, vende el nuevo modelo como una fiesta global con más hinchadas representadas y más mercados conectados a la gran cita.

El calendario comprimido —producto de más equipos y más partidos— reabre, sin embargo, las preguntas logísticas que Infantino quiere atajar con una reforma estructural: ¿cómo garantizar ventanas de selecciones que no destrocen la continuidad de las ligas? ¿Cómo blindar periodos de descanso efectivo para futbolistas que encadenan club-selección sin respiro? ¿Cómo repartir viajes intercontinentales para minimizar el jet lag competitivo? La respuesta pasa por un calendario “modular” que acomode realidades climáticas y comerciales distintas.

La industria ya toma posiciones. Las ligas valoran el impacto en sus ingresos y en la experiencia de sus abonados; los clubes, la salud de sus activos deportivos; las televisiones, la estabilidad de parrillas en prime time; los jugadores, el derecho a desconectar. Si el plan de la FIFA cuaja, veremos temporadas con finales en junio, ventanas internacionales reubicadas y Mundiales invernales cuando la sede lo exija. ¿La promesa? Más calidad y menos estrés térmico. ¿El desafío? Coordinar a un planeta que juega a ritmos, climas e intereses distintos.

En el corto plazo, la agenda manda: clasificar, preparar y competir. En el largo, Infantino empuja hacia un “calendario del siglo XXI” que desactive la tiranía del verano europeo como único eje del fútbol mundial. La Copa del Mundo seguirá siendo el faro; la ruta para llegar hasta ella, en cambio, está a punto de redibujarse.

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