RÍO DE JANEIRO — Cuando un técnico sobrevive a un batacazo mundialista, el plan casi nunca es maquillar el plantel; la orden es hacer una limpia profunda. En la sede de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), Carlo Ancelotti no se anduvo con rodeos ni intentó suavizar el golpe de una eliminación en octavos de final que todavía cala hondo en el país.
«El Mundial fue una decepción para nosotros. Para mí era evidente. No creo que hayamos tenido la oportunidad de conseguir lo que esperábamos. Por supuesto que esa sensación está ahí. Quedar eliminados ante Noruega fue una gran decepción; lo lamentamos mucho», reconoció de entrada el estratega.
Aquel tropiezo dejó un trago amargo que no se compara con la dinámica del día a día. «A nivel personal fue bastante complicado, porque no es como en un club», reflexionó Ancelotti. «En un club lo tienes todo: la posibilidad de volver a jugar pronto, hay otro partido, otra competición. Aquí es mucho más complicado. Hay momentos difíciles, la derrota, la tristeza de perder. Te lo tomas más a pecho».
La sacudida tras ese golpe no tardó en llegar. Lejos de darles cobijo a las vacas sagradas, el técnico pintó su raya y cortó de tajo con la vieja guardia. Nombres de peso como Neymar, Casemiro, Danilo, Alex Sandro y Weverton quedaron totalmente borrados de la lista de 26 convocados. Apenas nueve futbolistas libraron el recorte para sostener la columna vertebral, encabezada por Vinícius Júnior, Raphinha, Bruno Guimarães y Marquinhos.
Los 17 lugares restantes fueron para una camada de caras nuevas, incluyendo a ocho elementos que reciben su primer llamado al Tricolor amazónico. Entre las novedades destacan el portero Pedro Morisco, los defensas Otávio y Arthur Dias, y la joya Estêvão. La apuesta atiende tanto a un cambio generacional como a la realidad física de los futbolistas locales.
«De hecho, ya estamos observando todas las ligas y a todos los jugadores brasileños. Lo cierto es que los futbolistas brasileños están ahora en mejor condición física; mejor, porque la liga brasileña está más avanzada que otras ligas», argumentó el timonel. «Pero no se trata de que prioricemos a los que juegan en Brasil; creo que los futbolistas del campeonato brasileño están rindiendo muy bien y pueden aportar a la selección».
La consigna es foguear talento joven que venía empujando fuerte. «Hay jugadores jóvenes a los que quizá no conozco tan bien, pero que tienen potencial; tenemos que verlos y hacerles saber que estamos trabajando en la transición y en preparar una nueva generación de futbolistas para la selección nacional».
En ese cambio de guardia, la punta de ataque tiene nombre y apellido: Endrick, quien está llamado a encabezar el proyecto hacia 2030.
«Lo hemos demostrado este año, potenciando a muchos delanteros centro. Ahora que la situación está un poco más clara para todos, tenemos a un joven muy, muy potente; uno de ellos es obviamente él, como todos saben: Endrick, cuya evolución debemos seguir», recalcó Ancelotti. «Hay otros delanteros jóvenes que están rindiendo muy bien, y otros que no están en la lista pero están surgiendo. En ese sentido, estamos bien cubiertos más allá de Endrick. Creo que será un jugador importante para la selección del futuro».
El examen para este nuevo Brasil arrancará de gira: dos amistosos contra Australia el 25 y 29 de septiembre en Townsville y Brisbane, y uno más frente a India el 3 de octubre en Calcuta. A pesar del largo viaje, Ancelotti dejó claro que la renovación no se hará al vapor.
«Bueno, de hecho, yo decidí los tiempos. Tenemos tiempo para hacer las cosas, pero con más calma, con más tranquilidad», sentenció. «Como dije, la idea es muy clara: cambiar o introducir una nueva generación de futbolistas. Creo que podemos hacer un trabajo, pero sin prisas, tomando la decisión correcta para el futuro».

